Descargue la Homilía en formato .PDF

↓ Descargar

El Espíritu Santo nos transforma

  •   Domingo Mayo 19 de 2013
  •   Pistas para la Homilía del Domingo
  •    Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.

• Lecturas:

- Hechos de los Apóstoles 2, 1-11
- I Carta de san Pablo a los Corintios 12, 3-7. 12-13
- Juan 20, 19-23

• La palabra pentecostés significa cincuenta, y es la fiesta litúrgica con la que se cierran las celebraciones pascuales, que han durado cincuenta días y que abarcan la Resurrección, la Ascensión del Señor y el don del Espíritu Santo; no se trata de eventos aislados sino que forman un único misterio. La presencia del Espíritu Santo en medio de la comunidad apostólica a la que comunica sus dones es el inicio de la actividad evangelizadora de la Iglesia, que continuará hasta el final de los tiempos.

• Las tres lecturas que hemos escuchado – tomadas de los Hechos de los Apóstoles, de la I Carta a los Corintios y del evangelio de san Juan - nos permiten mirar de cerca las transformaciones obradas por la acción del Espíritu Santo y las dinámicas que se generaron en la comunidad.

• Empecemos por el relato de los Hechos de los Apóstoles:

- Este texto expresa con mucha fuerza que el interlocutor del Espíritu Santo es la comunidad: “El día de Pentecostés, todos los discípulos estaban reunidos en un mismo lugar”. Es importante que tomemos conciencia de la densidad teológica de esta afirmación, que no es simplemente una crónica social sobre la reunión de un grupo de amigos que se encuentran con motivo de alguna celebración. No. “Estar reunidos en un mismo lugar” pone de manifiesto que el camino de la fe no es para peregrinos solitarios sino para ser recorrido como pueblo de Dios. Nuestra cultura contemporánea, profundamente marcada por el individualismo, tiene dificultad para percibir la importancia decisiva de lo comunitario.

- Otro rasgo muy fuerte en este texto de los Hechos de los Apóstoles es el impactante efecto de comunicación que se dio en los que recibieron el don del Espíritu Santo; nos dice el texto: “Atónitos y llenos de admiración, preguntaban: ¿No son galileos todos estos que están hablando? ¿Cómo, pues, los oímos hablar en nuestra lengua nativa?”. El Espíritu Santo nos da la gracia para llevar el anuncio de salvación a las culturas más diversas; por eso el mensaje liberador del Resucitado, que es universal, no puede quedar atrapado en una cultura particular; la acción pastoral de la Iglesia debe observar continuamente los signos cambiantes de los tiempos, para poder interpretar las necesidades y clamores de las comunidades y así pronunciar una palabra que llegue a los corazones y mentes. La proclamación del mensaje de salvación debe hacerse teniendo en cuenta personas, tiempos y lugares.

• El texto de san Pablo, en su I Carta a los Corintios, hace referencia a los diferentes carismas y vocaciones que el Espíritu Santo suscita en las comunidades. Estas manifestaciones del Espíritu deben ser reconocidas con agradecimiento y puestas al servicio de la comunidad; el Espíritu Santo concede estos dones particulares, no para el disfrute individual, sino para la construcción de la Iglesia y la promoción del bien común.

• Pasemos ahora al texto del evangelista Juan. El elemento más notorio es la misión que el Señor confía a discípulos: “Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo. Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo: reciban el Espíritu Santo. A los que les perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y a los que no se los perdonen, les quedarán sin perdonar”.

• Vemos, pues, que estos textos del Nuevo Testamento que propone a nuestra consideración la liturgia de Pentecostés, nos aportan elementos muy ricos para comprender el significado de los dones del Espíritu Santo. Al celebrar nosotros esta fiesta, renovemos nuestro sentido de pertenencia a la Iglesia y descubramos lo que significa recorrer juntos el camino de la fe. Pentecostés es un reto a la acción pastoral de la Iglesia para que conozca los diversos lenguajes y símbolos culturales, se los apropie en sus catequesis y así la gente entienda su mensaje. Pentecostés es también un llamado a valorar la riqueza de la diversidad de carismas, vocaciones, enfoques y sensibilidades dentro de la Iglesia. El deseo de fortalecer la unidad de la Iglesia no debe confundirse con una peligrosa uniformidad, que empobrecería la dinámica del pueblo de Dios. Que esta fiesta del Espíritu Santo traiga una profunda renovación en la vida de la Iglesia bajo el liderazgo del Papa Francisco, cuyo talante cercano nos llena de esperanza.