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Aporte Ecológico a la Homilía del domingo

  •   Domingo Mayo 26 de 2013
  •   Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  •    Alejandro Londoño Posada, S.J.

Cuando asistimos a una Feria del Libro y buscamos en los estantes el nombre de Ecología, constatamos cómo se producen libros y más libros sobre las especies animales y vegetales. Son libros muy bien editados. Esto mismo genera una inquietud en el bolsillo. El precio se eleva demasiado y nuestro presupuesto tiembla. Surge la duda: ¿Comprar sólo uno o dos ejemplares artísticos o comprar libros no tan aristocráticos, pero con una visión más crítica y con perspectivas de futuro?

Las fotos de bellos animales y de preciosos árboles predominan en los primeros. Los artículos de fondo, en los segundos. Los primeros nos están hablando de la estética y de cierta ciencia descriptiva. Los segundos de sentido crítico. Está bien gastar unos centavos en alguno de los primeros para gozar, como cuando vemos películas donde las cámaras espían a los animales para fotografiarlos en vivo.

Algo parecido nos puede pasar al comparar la primera lectura con las otras dos de hoy. Aquella habla de la Sabiduría, sin que por eso debiéramos entenderla como un discurso sobre el Hijo o el Espíritu Santo. Está tomada de los Proverbios (8,22-31) y es un texto muy valioso del Antiguo Testamento. Es la meditación de un sabio que sabe admirar la naturaleza y descubrir su origen en la sabiduría de Dios.

Habla de una sabiduría que es anterior al mundo y a la grandeza de la creación. Sería como una vislumbre o intuición de lo que es el Verbo, el Hijo, imagen del Padre.

Habla de una sabiduría que es anterior al mundo y a la grandeza de la creación. Sería como una vislumbre o intuición de lo que es el Verbo, el Hijo, imagen del Padre.

Vale la pena entresacar algunos párrafos de Proverbios: “Todavía no existían los abismos del mar ni habían brotado las aguas de lo hondo, cuando vi la luz. Cuando Él puso los cimientos de los montes y aparecieron las montañas…cuando condensó las nubes en la altura y les dio fuerza a las aguas subterráneas, cuando le impuso al mar sus leyes para que las aguas no se desbordaran, cuando asentó como arquitecto los cimientos de la tierra…

Esa Sabiduría no aparece aún como una persona distinta de Dios. Esa misión la tendrá un Hombre elegido por Dios para habitar en El y enseñarnos quién es el Padre y el Espíritu, en el misterio que llamamos de la Santísima Trinidad.
En las bibliotecas de las ferias del Libro, descubrimos que hay publicaciones más económicas, que las de hermosos dibujos y que pretenden despertar un sentido crítico más agudo, que le dan un sentido mayor a las obras de la naturaleza.

Algo semejante es, en nuestro caso, lo que hacen la segunda y tercera lectura. En la carta a los Romanos san Pablo termina su exhortación con estas bellas palabras: “Y la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios inunda nuestro corazón, gracias al Espíritu Santo que hemos recibido”.

Y en el Evangelio, Jesús mismo nos dice: “Cuando venga el Espíritu de la verdad, los encaminará hacia la verdad plena”. Esa verdad plena hemos de entenderla como nuestra manera de relacionarnos no sólo con un Dios Creador, sino con un Dios Comunidad, que nos invita a sentirnos comunidad con los hermanos. Y por tanto a tratar la naturaleza con un gran cuidado y respeto, para que no sigamos repitiendo las equivocaciones actuales en el campo ecológico, en contra de la sociedad y del plan de Dios.