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Aporte Ecológico a la Homilía del domingo

  •   Domingo Junio 02 de 2013
  •   Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  •    Alejandro Londoño Posada, S.J.

Aunque no pertenezca a las lecturas de hoy, podríamos empezar recordando una escena del Antiguo Testamento: José es vendido por sus hermanos. Pasan años y ellos, en el período de las vacas flacas, acuden a Egipto, donde hay un faraón sagaz, que al ver bien interpretados sus sueños, nombra a José al frente de toda la economía del país. Como quien dice ministro de hacienda.

Con recoger bien una cosecha abundante de trigo salvó a Egipto del hambre, como lo hacen con nosotros, a pesar del poco apoyo que les damos, los campesinos, que se matan cultivando la tierra. Entre los más favorecidos por este buen gobierno estuvo su familia.

Hoy son las vacas, las “culpables”, en algún modo, del hambre. Son grandes las extensiones de tierra que se dedican a la ganadería. Si se emplearan en agricultura, el resultado sería distinto. El alimento alcanzaría para más gente e incluso habría más empleo.

El Evangelio de hoy, cuyo autor es Lucas (9, 11b-17) nos ilumina tanto el problema material de la pobreza, como el espiritual de la falta de fe y entrega al Señor.

La forma como Jesús hizo la repartición del alimento material, nos da la clave para el problema de la pobreza. No colocó los panes en el centro para que los más fuertes se lanzaran y se apoderaran de lo que la libre competencia, les dejara. Primero les propuso sentarse en grupos, es decir comunitaria y solidariamente. Después “ordenó a los discípulos que lo distribuyeran entre la gente” (Lc 9,16).

El hambre espiritual está descrito implicitamente con las palabras eucarísticas, con que describe Lucas la Multiplicación de los panes. Al punto nos hacen pensar en una invitación a participar en la gran fuente de Espiritualidad que es la Eucaristía: “Tomó los panes…levantó los ojos al cielo… pronunció la bendición, los partió y se los iba dando a los discípulos para que los distribuyesen entre la gente” (vers. 16).

Quienes tenemos experiencias de Caminatas Ecológicas podemos dar testimonio de algo muy especial. Cuando llega el momento del almuerzo, les pedimos a los caminantes que formen un grupo y coloquen en el centro todo lo que trajeron de comida. Los encargados la van colocando y partiendo en pedacitos sobre un mantel o una mesita: ¿Qué sucede? La gente va tomando lo que desea y alcanza para todos, Incluso sobra!

A veces no aceptan la propuesta de compartir y entonces unos comen en abundancia y los otros se esconden en algún rincón, un poco avergonzados, como sucedió con algunos de Corinto (I Cor. 11,22).

Que esta fiesta sea motivo para frecuentar más la Eucaristía, tomar el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Pero también para compartir nuestros alimentos con los más necesitado.