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Trabajemos por una cultura de la vida

  •   Domingo Junio 09 de 2013
  •   Pistas para la Homilía del Domingo
  •    Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.

• Lecturas:

- I Libro de los Reyes 17, 17-24
- Carta de san pablo a los Gálatas 1, 11-19
- Lucas 7, 11-17

• Después de escuchar las lecturas, nos sentimos conmovidos por la realidad que nos comunican. Estamos ante el sufrimiento de dos mujeres que pierden a sus hijos; como si esta pena no fuera suficiente, no tienen con quién compartir su tristeza pues ambas son viudas. Son dos situaciones muy diferentes, separadas en el tiempo; sin embargo, se da una respuesta común: al ver el dolor de estas mujeres, Elías y Jesús se conmueven y devuelven estos niños a la vida. Las lágrimas se convierten en sonrisas y acción de gracias a Dios por el don recibido.

• Aunque se trata de episodios distantes en el tiempo, dejemos que resuenen en nuestro interior. Preguntémonos qué nos dice la Palabra de Dios que acabamos de escuchar. La lectura atenta de estos textos pone de manifiesto un tema humano y teológico de gran riqueza: la sensibilidad de Elías y Jesús ante la tristeza de estas madres. Este será el tema de nuestra meditación dominical.

• Elías y Jesús se conmueven con las lágrimas que derraman estas dos madres por la muerte de sus hijos. Ellos entienden que no se trata de dos casos más, que suman dentro de las estadísticas de la mortalidad infantil; ellos comprenden la magnitud del dolor de estas mujeres. Elías y Jesús se ponen en su lugar e interpretan fielmente sus sentimientos. Esta sintonía se llama empatía o compasión, y es la capacidad de entender el dolor humano y actuar para mitigar su impacto o modificar las condiciones que lo han causado.

• La empatía o compasión es una actitud que debe ser cultivada desde las primeras etapas del proceso educativo. Es lamentable que nuestra afectividad resulte anestesiada como consecuencia de la avalancha de eventos dolorosos que nos transmiten los medios de comunicación. No permitamos que la tragedia de una masacre o de un desplazamiento forzado o de una violación se conviertan en un dato más que entre a formar parte de las estadísticas, que nos deja insensibles.

• Elías y Jesús, conmovidos por el dolor de estas mujeres, no se limitan a expresar unas frases convencionales de pésame – como es nuestra costumbre -, sino que pasan a la acción. Nos dice el texto que Elías “se tendió tres veces sobre el niño y suplicó al Señor diciendo: Devuélvele la vida a este niño”. El evangelio de Lucas reproduce las palabras de Jesús, que nos sorprenden por la autoridad que manifiestan: “Joven, yo te lo mando, levántate”.

• ¿Qué es lo que queremos destacar en la actuación de Elías y Jesús? Su empatía o compasión ante el dolor de estas mujeres los llevó a actuar de manera que los hijos volvieron a la vida. Obviamente, ellos tenían unos dones especialísimos; pero no estamos subrayando su poder milagroso, sino su actitud. La empatía o compasión ante el dolor humano no nos puede dejar atrapados en la respuesta puramente afectiva de solidaridad, sino que debe inspirar acciones que, en la medida de nuestras posibilidades, traten de modificar la situación que produce dolor. Algunas personas tienen la posibilidad de incidir de manera importante sobre las causas y modificarlas; otras personas tiene menor capacidad de influjo; pero lo importante es estar convencidos de que siempre es posible hacer algo, más allá de las simples palabras de cercanía y solidaridad.

• Como seguidores de Cristo Resucitado, vencedor de la muerte y del pecado, ¿qué iniciativas podemos poner en práctica de manera que esa realidad nueva que inaugura la Pascua del Señor, impregne todas las estructuras sociales? ¿Qué hacer para que la cultura de la vida supere la realidad de muerte que nos rodea?

- Si queremos que la vida triunfe sobre la muerte, debemos trabajar por la familia. En su interior se forman los futuros ciudadanos; en la familia se desarrollan las actitudes básicas que nos acompañarán a lo largo de la vida; en la familia aprendemos la ternura o aprendemos a maltratar a los demás; en la familia aprendemos a respetar a los demás o aprendemos a atropellar la dignidad humana. La acción más eficaz para erradicar la anti-cultura de la muerte y reemplazarla por una cultura de la vida es fortalecer la familia, pues allí es donde se siembran las semillas de los principios y valores.

- Si queremos que la vida triunfe sobre la muerte, tenemos que intervenir en los procesos educativos. La educación de calidad es la inversión más importante de una sociedad, pues ofrece la oportunidad de desarrollar las habilidades y competencias que permitirán a los niños y jóvenes realizarse como personas, como ciudadanos y les dará las herramientas para acceder al mundo del trabajo. El modelo educativo condiciona el tipo de sociedad: si en las instituciones educativas promovemos un espíritu competitivo egoísta, esto se reflejará en la vida económica y social. Por eso el triunfo de la vida sobre la muerte exige un sistema educativo que forme en los valores éticos, en el respeto del bien común, en la honradez y que forme para el trabajo en equipo.

• Es hora de terminar nuestra meditación dominical, que ha estado inspirada en la empatía o compasión manifestada por Elías y Jesús ante el dolor de estas madres que lloraban la pérdida de sus hijos. La empatía o compasión los motivó a intervenir de manera que triunfara la vida sobre la muerte. La Pascua de Cristo es el triunfo definitivo sobre la muerte y el pecado; es responsabilidad nuestra esforzarnos para que esta dinámica de vida se manifieste en todas las actividades que realizamos. Esto se logra trabajando por las familias y por la educación, que son las instituciones que tienen mayor influencia en la formación ética, afectiva y social de los seres humanos.