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Educar para el esfuerzo y la superación

  •   Domingo Junio 23 de 2013
  •   Pistas para la Homilía del Domingo
  •    Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.

• Lecturas:
- Profeta Zacarías 12, 10-11; 13, 1
- Carta de san Pablo a los Gálatas 3, 26-29
- Lucas 9, 18-24

• Los intercambios comerciales han acompañado a la humanidad desde sus orígenes; unos producen los bienes y servicios que otros necesitan, independientemente de si ese comercio se hace mediante intercambios en especie, tarjeta de crédito, efectivo o transferencias electrónicas.

• Dentro de esta dinámica económica, es fundamental la divulgación de la información: el que ofrece bienes y servicios necesita hacer conocer su oferta, y el que tiene necesidades debe encontrar dónde puede satisfacerlas. Esto crea un sector muy importante dentro de la economía actual, la publicidad, la cual se ha ido sofisticando cada vez más y exige recursos cuantiosos. Si las organizaciones no comunican lo que ofrecen o si se equivocan en la estrategia de divulgación, no podrán sobrevivir.

• Pues bien, en este competido escenario de la oferta y la demanda, ha aparecido una categoría nueva; nos referimos a la publicidad engañosa; en palabras sencillas, es la publicidad que genera expectativas que no pueden ser satisfechas; es ofrecer algo que no es cierto porque hay costos ocultos o restricciones, etc.

• Hay muchos ejemplos de publicidad engañosa que, de alguna manera puede inducir a error: productos que ofrecen la eterna juventud promovidos por divas de la farándula; curas milagrosas para el cáncer u otras enfermedades particularmente graves; cursos que nos ilusionan con adquirir competencias complejas en pocos días y sin esfuerzo.

• La sociedad de consumo está saturada de publicidad engañosa, no sólo respecto a los productos y servicios que ofrece, sino – algo todavía más grave – respecto a los valores que promulga: recetas fáciles para ser felices, caminos cortos para llegar a la cima del éxito. Un ejemplo muy claro de la memoria corta que tiene la sociedad es el caso de las llamadas pirámides: querer hacerse ricos de la noche a la mañana sin trabajar; a pesar de los robos descomunales que conocemos, la gente sigue soñando con este camino de riqueza y prosperidad.

• Con este referente de la publicidad engañosa, leamos el evangelio de hoy. Jesús habla con sus discípulos y les pregunta por la percepción que tienen sobre Él: “¿Quién dice la gente que soy yo (…) Ustedes, quién dicen que soy yo?”. Es una pregunta de la mayor importancia porque plantea la identidad de Jesús y su misión; en nombre de sus compañeros, Pedro confiesa que el Señor es el Mesías.

• Lo que viene a continuación es muy importante pues, Jesús, además de ordenar a sus discípulos que guarden silencio, dice: “Es necesario que el Hijo del hombre sufra mucho, que sea rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, que sea entregado a la muerte y que resucite al tercer día”.

• Estas palabras debieron generar un profundo desconcierto entre sus apóstoles, porque ellos tenían unas expectativas muy diferentes ya que asociaban la figura del Mesías con la restauración de las viejas glorias de Israel. En su imaginación, los apóstoles creían que estar junto a un personaje tan especial como era Jesús les daría oportunidades de reconocimiento social y de poder. Volviendo a la temática inicial de esta meditación dominical, podemos afirmar que había una publicidad engañosa respecto al Mesías, pues se habían generado unas expectativas que no eran ciertas. El mesianismo que Él encarnaba no correspondía con las expectativas de poder que algunos acariciaban.

• Estas palabras de Jesús son una profunda enseñanza para nosotros. La historia de la salvación pasa por la cruz; era necesario que el Hijo eterno de Dios, hecho hombre, diera su vida por nosotros para así abrir un nuevo capítulo en la historia de esta relación entre Dios y la humanidad. Ahora bien, la muerte de Jesús debe ser leída dentro de la totalidad del misterio pascual. Ese Jesús que muere en la cruz, es resucitado por Dios y constituido Señor del universo. Dios es Dios de vida; los seguidores del Resucitado amamos apasionadamente la vida y empleamos todas nuestras fuerzas para crear las condiciones para que los seres humanos vivan de manera digna, como corresponde a hijos de Dios que han sido hechos a su imagen y semejanza.

• Después de que Jesús ha pronunciado estas crudas palabras que redefinen la misión del Mesías, continúa diciendo: “Si alguno quiere acompañarme, que no se busque a sí mismo, que tome su cruz de cada día y me siga. Pues el que quiera conservar para sí su vida, la perderá, pero el que la pierde por mi causa, ése la encontrará”.

• Estas palabras del Señor son un desafío a la sociedad de consumo, que maneja un discurso totalmente diferente, en cuyo diccionario no están consignadas palabras tales como cruz, esfuerzo, constancia, sacrificio, paciencia. Las nuevas generaciones quieren resultados inmediatos y no entienden que las cosas necesitan tiempo para madurar; todo lo quieren ya, a la velocidad de internet; no entienden que la semilla necesita tiempo para desarrollarse, llegar a la adultez, producir flores que se transforman en frutos. Creen que todo está a la distancia de un click, pero resulta que la vida no es así.

• Es importante que los padres de familia eduquen a sus hijos en el sentido del esfuerzo; que comprendan que las dificultades y los fracasos son parte del proceso de crecimiento y que no hay que desanimarse cuando se presentan. Hay que educar para el esfuerzo y la superación.