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Aporte Ecológico a la Homilía del domingo

  •   Domingo Junio 30 de 2013
  •   Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  •    Alejandro Londoño Posada, S.J.

Las lecturas de hoy nos hablan de 5 vocaciones. La primera es la de Eliseo, quien se anima a seguir al profeta Elías. Es generoso. Sacrifica la junta de bueyes y reparte la carne entre su gente. La segunda aparece en la carta a los Gálatas y es el llamamiento de Dios a Pablo a vivir la libertad. Las otras tres, las menciona Lucas. Son las personas que recibieron la invitación de Jesús, pero no dieron el paso.

Las anteriores vocaciones incluían la misión del peregrinar, predicar, pasar persecuciones por el Reino de Dios y formar la Iglesia. A lo largo de los siglos, las vocaciones están de algún modo marcadas por retos particulares de la época.
Hoy la vocación cristiana, si queremos responder a nuestro tiempo, debe teñirse de verde. Es decir, entender bien al Padre Creador y qué significa la creación, ese regalo verde para todos y no sólo para unos. Lo segundo, entender bien al Hijo y su mensaje en que prima la solidaridad del ámense los unos a otros, que obviamente incluye la ética ecológica. Lo tercero, al Espíritu Santo, estando atento a sus inspiraciones de cómo responder al momento actual.

Sería interesante en este día dibujar la propia Línea de Vida sobre el tinte ecológico de nuestra vocación cristiana. Comencemos por la niñez: ¿Cuál fue nuestra respuesta al llamado de Dios, cuando comenzamos a tener contacto con la naturaleza? Sabemos, por ejemplo, que Santa Laura Montoya, desde niña respondió con alegría y lo expresó por la forma como contemplaba el trabajo de las Hormigas Arrieras y descubría allí la acción de Dios.

El Papa Francisco recuerda también cómo los abuelitos enseñaban a no botar la comida, enseñanza que hoy explicita así: “El consumismo nos ha habituado tanto a lo superfluo y al desperdicio de la comida diaria, que a veces ya no somos capaces de darle el justo valor, que va más allá de los simples parámetros económicos. ¡Recordemos bien, sin embargo, que la comida de se tira es como si fuera robada de la mesa de los pobres” (Audiencia General de junio 13, día mundial del Medio Ambiente).

En nuestra juventud, de seguro sentimos rebeldía ante la injusticia social en la repartición de los bienes de la naturaleza. Era el Espíritu Santo quien nos ayudaba a profundizar la vocación de seguir la Buena Noticias. Para los diarios y la tele, la buena noticia es ante todo el gol de un partido, lo que ofrece una propaganda, lo que dijo un artista de cine. Pero no la denuncia de la injusticia social de quienes atentan contra el medio ambiente.

Hoy en todas partes se habla del detrimento y deterioro del medio ambiente, y del aumento del consumo de alimentos poco saludables, producidos por una industrialización que solo piensa en el dinero. El acabar de un día para otro con estos dos fenómenos no está en nuestras manos, pero sí el consumir una alimentación “ecológica”, es decir, consumir alimentos y productos elaborados de manera natural, sin elementos artificiales y respetando el medio donde crecen.
Alguien hablando de la nutrición ecológica, pensaba que deberíamos modificar el Padre Nuestro y pedirle al Señor nos conceda el pan ecológico, es decir los alimentos sanos, saludables, balanceados. Y también pedirle nos libre del derroche de la comida.