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Primer Manual para Evangelizadores

  •   Domingo Julio 07 de 2013
  •   Pistas para la Homilía del Domingo
  •    Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.

• Lecturas:
- Profeta Isaías 66, 10-14
- Carta de san Pablo a los Gálatas 6, 14-18
- Lucas 10, 1-12. 17-20

• Dentro de los procesos educativos, las prácticas son muy importantes. En ellas se busca que los jóvenes vayan adquiriendo determinadas habilidades que sólo pueden desarrollarse a través de la experiencia directa. Por ejemplo, los futuros médicos acompañan a sus profesores en la revisión de los pacientes, preguntan lo que no entienden, aplican lo que han aprendido en los libros y, poco a poco, van asumiendo responsabilidades bajo la mirada vigilante de los maestros. Algo semejante sucede con los estudiantes de Derecho quienes, hacia el final de sus estudios, participan en el Consultorio Jurídico; allí van solucionando casos relativamente sencillos que la gente les consulta, y cuentan con el apoyo de sus profesores si tienen dudas frente a un caso particular.

• En el evangelio que acabamos de escuchar, encontramos a los discípulos del Señor, que realizan sus primeras prácticas como evangelizadores, siendo supervisados por su Maestro. Era necesario que ellos tuvieran contacto con la gente para así ir ganando familiaridad con las responsabilidades que tendrían que asumir en el futuro. Nos dice el evangelista Lucas que “Jesús designó otros setenta y dos discípulos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares a donde pensaba ir”. Estos setenta y dos aprendices de evangelizadores ya habían pasado algún tiempo junto al Maestro, habían escuchado sus enseñanzas, se sentían profundamente impactados por su pedagogía que lograba aunar profundidad y sencillez, y habían sido testigos de las curaciones milagrosas que hacía. Ahora les llega el momento de pasar de la teoría a la práctica, salir del aula de clase para hacer trabajo de campo.

• Es muy interesante leer detenidamente las instrucciones que les da el Maestro. Los invito a recorrer pausadamente este “primer manual para evangelizadores”.

• Lo primero que observamos es que no los envió solos, sino en pequeños grupos de a dos. Es una invitación al trabajo en equipo; esto permite analizar las situaciones que se van presentando, discutir estrategias, afrontar imprevistos. Por eso la sabiduría popular afirma que cuatro ojos ven más que dos ojos… Es más fácil equivocarse si no existe un interlocutor que debata las ideas y vea las cosas desde un ángulo diferente.

• Luego les hace caer en la cuenta de la magnitud de la tarea que tienen delante: “La cosecha es mucha y los trabajadores pocos”. Es un llamado al realismo ya que, con frecuencia, los novatos, llenos de entusiasmo, tienden a sobrevalorar sus propias capacidades y a minimizar los riesgos; creen que las cosas son fáciles.

• “Rueguen, por tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos”. Con esta sencilla imagen, tomada de la vida campesina, les está recordando que la tarea que se les ha confiado no se lleva a cabo con recursos puramente humanos. Se necesita oración pues el dueño de la mies es Dios, y la eficacia del trabajo evangelizador no depende del esfuerzo humano sino de la gracia divina.

• A estos novatos evangelizadores, llenos de entusiasmo, les abre los ojos sobre la complejidad que les aguarda; ciertamente, no la tendrán fácil: “Yo los envío como corderos en medio de lobos”. Jesús conocía muy bien las artimañas de los fariseos y demás líderes religiosos; los jóvenes aprendices tendrían que polemizar con astutos contradictores.

• Luego deja muy claro que es fundamental la sencillez de su presentación personal, que contrastaba con la ostentación de los opositores: “No lleven ni dinero, ni morral, ni sandalias”. La simplicidad del heraldo hace más creíble el mensaje que comunica. Esta experiencia la está viviendo la Iglesia en estos primeros cien días del pontificado del papa Francisco; su mensaje está resonado, dentro y fuera de la Iglesia, porque lo respalda su testimonio personal de sencillez y desapego del poder.

• Les pide estar concentrados en su trabajo evitando dispersarse en otras actividades; esta instrucción la da de forma coloquial: “No se detengan a saludar a nadie por el camino. No anden de casa en casa”. La experiencia nos muestra que la acción pastoral de la Iglesia puede dispersarse de muchas maneras, descuidando lo fundamental y perdiendo impacto.

• A continuación les dice cómo establecer el primer contacto con las personas; deben comunicar un saludo de paz. Dice a los aprendices que observen cuidadosamente cómo reacciona la gente a su saludo de paz; si la acogida es favorable, deben permanecer allí; si perciben rechazo, no vale la pena quedarse. Es interesante identificar esta diferente reacción al saludo de paz como un indicador de apertura o de rechazo al mensaje que traen. Esto nos hace pensar que los contextos culturales son muy diferentes, unos más abiertos a la acción evangelizadora de la Iglesia, y otros mucho más reacios y cargados de prejuicios.

• Estas son, de manera esquemática, las instrucciones del Señor a estos entusiastas discípulos que hacen su primera salida de campo como evangelizadores. Respecto a la tarea misma que deben realizar una vez que hayan definido el sitio de trabajo, les da dos orientaciones: “Curen a los enfermos que hay, y díganles: Ya se acerca a ustedes el Reino de Dios”. El Señor les pide, pues, realizar una actividad pastoral que debe desarrollarse simultáneamente en dos frentes: atender el sufrimiento de los hermanos y anunciar el Reino, que no es otra cosa que presentar la persona de Jesucristo.

• Recordemos que todos nosotros, por el hecho de haber sido bautizados, tenemos la misión de comunicar a otros la buena noticia de Jesucristo. Que estas sencillas reflexiones que hemos hecho a propósito de esta primera práctica evangelizadora supervisada, llevada a cabo por los setenta y dos discípulos, nos motiven a comunicar nuestra experiencia de Dios a un mundo sediento de espiritualidad.