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Hagamos una relectura del significado de los mandamientos

  •   Domingo Julio 14 de 2013
  •   Pistas para la Homilía del Domingo
  •    Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.

• Lecturas:
- Deuteronomio 30, 10-14
- Carta de san Pablo a los Colosenses 1, 15-20
- Lucas 10, 25-37

- En nuestra meditación dominical profundizaremos en el texto del libro del Deuteronomio, en el que Moisés exhorta al pueblo a guardar los mandamientos que el Señor les ha dado. Recordemos que el libro del Deuteronomio forma parte de ese conjunto de los primeros cinco libros de la Biblia, que los judíos llamaban la Ley o la Torá. El Deuteronomio recopila leyes civiles y religiosas, y se intercalan varios discursos de Moisés; estos discursos recuerdan los grandes acontecimientos que han vivido e invitan al pueblo a permanecer fiel a los mandamientos del Señor.

- Moisés dice a la comunidad que Israel cuenta con una maravillosa herramienta para organizar su red de relaciones: con Dios, con la familia, con los vecinos, el mundo de los negocios… Esa herramienta son los mandamientos, compendio maravilloso de sabiduría; su cumplimiento es fuente de armonía y paz; su olvido conduce al caos y a la violencia. Dice Moisés: “Escucha la voz del Señor, tu Dios, que te manda guardar sus mandamientos y disposiciones escritos en el libro de esta ley”.

- Moisés explica que no se trata de una normatividad imposible de cumplir, pues no está dirigida a seres excepcionales, sino a seres comunes y corrientes: “Estos mandamientos que te doy, no son superiores a tus fuerzas, ni están fuera de tu alcance. No están en el cielo (…..), ni tampoco están al otro lado del mar”.

- En esta meditación dominical, los invito a volver los ojos a estas orientaciones básicas que, a pesar de su antigüedad, continúan vigentes. Ahora bien, la lectura que hoy hacemos de los mandamientos no puede ser la misma que hacía el pueblo de Israel que peregrinaba a través del desierto, ni nuestra comprensión puede coincidir con la de los campesinos que trabajaban la tierra para el señor feudal en la Edad Media. Los tiempos han cambiado; la realidad social es infinitamente más compleja; por eso hay que hacer una relectura de los mandamientos a la luz de los cambios culturales y de las nuevas exigencias de la convivencia humana.

- Como se trata de un tema muy amplio, es imposible abordarlo en el tiempo destinado a una homilía dominical. Simplemente voy a sugerir algunas pistas de reflexión, limitándome a dos de los mandamientos, el 5° No matar, y el 7° No robar.

- Para los sacerdotes es muy frecuente oír el siguiente comentario: “Padre, llevo muchos años sin confesarme, pero no encuentro pecados de los que deba pedir perdón, pues no he matado a nadie, no he robado, he cumplido con mis responsabilidades familiares. No es que me considere un santo; simplemente tengo las fallas de una persona normal”. Las personas que hacen este tipo de comentarios – que son muchas – son un claro ejemplo de la lectura simplista que se hace del significado y alcance de los mandamientos.

- Los invito a intentar una relectura del 5° mandamiento, No matar. En la mayoría de los casos, cuando examinamos nuestra conciencia nos sentimos tranquilos, porque nuestras manos no se han manchado con la sangre de algún hermano… ¿Podemos sentirnos completamente tranquilos? El 5° mandamiento no se agota en el derramamiento de sangre; nos invita a una reflexión muy seria sobre el valor supremo de la vida. La única manera de atentar contra la vida no es disparando un arma de fuego o activando un coche-bomba cuando pasa un vehículo del ejército.

- Hay otras formas de atentar contra el valor supremo de la vida. Pensemos, por ejemplo, en aquellos estilos de vida poco saludables por causa de las adicciones: el cigarrillo, el alcohol, las drogas. También atentan contra el valor sagrado de la vida aquellas personas que, con sus conductas irresponsables, ponen en peligro la vida de otros: manejan borrachos, no respetan los límites de velocidad, viven una sexualidad promiscua… En la actualidad, se han escrito páginas muy interesantes sobre lo que se ha llamado la ética del cuidado.

- El 5° mandamiento, leído a la luz de las nuevas sensibilidades de nuestra cultura, también nos exige desarrollar nuevos modos de producción que no causen la destrucción del medio ambiente. La conciencia ecológica hace parte de los valores tutelados por el 5° mandamiento. Con estas sencillas reflexiones nos damos cuenta de que el 5° mandamiento, No matar, leído hoy, es mucho más complejo de lo que originalmente podemos pensar.

- Hagamos algunas reflexiones a propósito del 7° mandamiento, No robar. Cuando nos examinamos sobre su cumplimiento, nos sentimos tranquilos. Sin embargo, la verdad puede ser otra, pues este mandamiento se abre a las exigencias de lo que hoy llamamos una ética económica. ¿Pagamos los impuestos? ¿Tenemos algunas prácticas comerciales no muy transparentes frente a nuestros clientes, proveedores, empleados? ¿Somos escrupulosamente cuidadosos en la calidad de los bienes y servicios que ofrecemos y en los pagos que hacemos? Ser honestos no es solamente abstenerse de atracar a un banco; hay mil comportamientos cotidianos en los cuales podemos burlar las reglas más finas de la transparencia.