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Abraham, maestro de oración

  •   Domingo Julio 28 de 2013
  •   Pistas para la Homilía del Domingo
  •    Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.

• Lecturas:
- Libro del Génesis 18, 20-32
- Carta de san Pablo a los Colosenses 2, 12-14
- Lucas 11, 1-13

• El tema central de la liturgia de este domingo es la oración. Como la Biblia no es un conjunto de libros teóricos sino que es una colección que recoge la experiencia religiosa de Israel –Antiguo Testamento - , y la vida de la comunidad apostólica – Nuevo Testamento -, los textos que nos ofrece la liturgia de este domingo ofrecen unas orientaciones concretas sobre la vida de oración de los creyentes:

- Abraham, nuestro padre en la fe, pide a Dios que no destruya las ciudades de Sodoma y Gomorra; nos llama profundamente la atención la forma como expresa su petición.

- En el evangelio, leemos la manera como el Señor acoge la petición que sus seguidores le hacen sobre la oración; los discípulos le piden al Maestro: “Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos”.

- La liturgia de este domingo nos invita a reflexionar sobre las lecciones de espiritualidad de estos dos maestros de oración, Abraham y Jesús. Por limitaciones de tiempo, nuestra meditación estará focalizada en la oración de Abraham.

• Antes de entrar en materia, los invito a tomar conciencia de un hecho que está presente en los medios de comunicación. Cuando estamos sentados frente al televisor, nos gusta explorar la programación que ofrecen los numerosos canales. En esta exploración encontramos a pastores de diversas denominaciones religiosas que se dirigen a sus comunidades; nos impresiona el lenguaje que usan; sus palabras no invitan a una meditación reposada de la Palabra de Dios, sino que, a través de una fuerte motivación a los sentimientos, convencen a los que participan en el culto, manipulan sus emociones, se producen milagros que no son otra cosa que fruto de la histeria colectiva y hacen generosos aportes a las arcas de la comunidad; en estas iglesias, el diezmo significa, literalmente, el diez por ciento de los ingresos de cada uno de los miembros. La oración no consiste en pronunciar atropellados discursos; orar es ponernos en la presencia de Dios para escucharlo y así descubrir cuál su voluntad.

• Después de esta introducción, los invito a escuchar la lección de espiritualidad que nos da el patriarca Abraham. Después de leer el texto del libro del Génesis, identificamos tres elementos que llaman nuestra atención: la actitud de Abraham, el objeto de la petición que hace y el estilo informal que utiliza.

• Lo primero que nos sorprende es la actitud de Abraham. En su diálogo con Dios muestra un profundo respeto acompañado de una gran familiaridad. Sus palabras nos recuerdan el encuentro de dos viejos amigos. Nos impactan la confianza y la cercanía. Por el lenguaje que utiliza, Abraham parece seguro de que el Señor acogerá su petición en favor de las ciudades de Sodoma y Gomorra. Lo más notable en la oración de Abraham es la forma como están presentes la absoluta trascendencia de Dios y la cercanía del amigo. En la experiencia de fe de Abraham, Dios es el absolutamente trascendente y el más cercano.

• Esta experiencia de oración de Abraham nos traslada a San Agustín quien, después de haber buscado el sentido y la respuesta a sus interrogantes más hondos, descubre que Dios habita en lo más profundo de su ser. No tenía por qué buscarlo fuera pues estaba en su interior…

• Después de estas reflexiones sobre la actitud que asume Abraham ante Dios, combinando trascendencia e inmanencia, regresemos al asunto que plantea Abraham en su diálogo con Dios. Él no pide por su bienestar y el de su familia; pide por los habitantes de estas dos ciudades que se han apartado de la ley de Dios; Abraham intercede por ellos.

• ¿Cuál es el mensaje que este texto nos deja? El patriarca Abraham nos enseña que las necesidades de nuestros hermanos deben ser un tema central en nuestra conversación con Dios. Ciertamente, es importante que le pidamos a Dios por nuestra salud, bienestar y paz interior; pero es mucho más importante pedir por los demás: por nuestros padres, por los hijos y los nietos, y por todos aquellos que viven en condiciones vulnerables. Abraham hace una oración desinteresada.

• Lo otro que llama la atención en la oración de Abraham es su estilo informal, casi desabrochado. Por los datos que nos ofrece la Biblia, podemos colegir que Abraham había acumulado un importante patrimonio que estaba representado en sus rebaños. El viejo Abraham aplica sus habilidades comerciales, que le habían dado buenos resultados en sus negocios, a su diálogo con Dios; negocia con Él y para ello utiliza los argumentos de un hábil comerciante: “¿Será posible que tú destruyas al inocente junto con el culpable?”; y luego comienza una simpática negociación con Dios: “Supongamos que hay cincuenta justos; supongamos que faltan cinco para los cincuenta”; en esta negociación, muy propia de su cultura, logra llegar hasta diez justos… Utilizando una expresión muy coloquial, podemos decir que Dios se divertía oyendo estos argumentos comerciales de Abraham, su amigo.

• ¿Cuál es el significado teológico de este diálogo de Abraham con Dios? El mensaje es muy sencillo: Cada uno de nosotros puede hablar con Dios con su lenguaje particular; Abraham lo hizo como un hábil comerciante. No tenemos que recurrir a lenguajes artificiales; Dios no espera de nosotros recargados discursos sino que le hablemos con el lenguaje sencillo y cercano de un hijo. Orar consiste en manifestar nuestras expectativas y preocupaciones a nuestro Padre.