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Biblia y Ecología

  •   Domingo Agosto 18 de 2013
  •   Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  •    Alejandro Londoño Posada, S.J.

Siempre ha habido profetas en la historia de la humanidad, pero en especial en la época monárquica del Reino Dividido, cuando aparecieron ciertos reyes que necesitaban sus “ciriríes” (pájaros que persiguen a las águilas y las alejan de sus territorios).
La primera lectura nos habla de ese gran profeta que fue Jeremías, de quien sus enemigos se apoderaron y lo echaron en una cisterna en donde no había agua, sino fango (Jeremías 38, 6). Gracias al egipcio Abdemélec, salió esta vez con vida (Jer. 38, 13).
En el Nuevo Testamento, comenzamos la serie de profetas con Jesús, quien como iniciador de una nueva Alianza, debió denunciar toda corrupción, aunque esto causara divisiones en las mismas familias, como nos habla el evangelio de hoy.

Su objetivo era crear el Reino de Dios, reino de amor y fraternidad. Pero por eso mismo, en la práctica Jesús no traía tranquilidad con sus pronunciamientos, sino división. Su objetivo era la Comunión, la vivencia del amor al Padre y a los hermanos, pero al denunciar el pecado, el anti-Reino, causó división. Muchos no lo aceptaran. Más aún, lo consideraron como enemigo mortal.
En el momento actual están apareciendo diferentes profetas. Basados en el respeto a la persona humana unos o en el sentido de Comunidad y Fraternidad otros. Y están denunciando los pecados contrarios a estos ideales.

De un modo especial esto se está dando en varios campos. En el de la justicia social, tenemos a Monseñor Oscar Arnulfo Romero, Hélder Cámara, Pedro Casaldáliga y Gerardo Valencia.
En el Ecológico, no han faltado, en especial entre los laicos. Como máximo exponente se señala a Chico Méndez, defensor de las comunidades del Amazonas brasileño. Pero también podríamos señalar comunidades profetas como Las Piedras en Colombia. Con una votación casi del 100% se ha opuesto a la transnacional minera Anglogolden Ashanti, por el peligro de una explotación minera, en todo sentido fatal para numerosas comunidades campesinas de la región.
Otro campo en donde estas denuncias están defendiendo a la persona humana es en el de las drogas. Las personas que ejercen el ministerio de trabajar o visitar a los jóvenes que ha caído en la drogadicción, saben cómo es de duro este flagelo.
El sólo visitar sitios en donde se recuperan jóvenes, incluso menores de 15 años, es algo doloroso. Ver cuán difícilmente salen de los males que les produce la drogadicción y cómo son víctimas de la codicia, la avaricia de los comerciantes, tanto del macro como de este macro o micro negocio, que causa rabia y tristeza a la vez.
Por fortuna existen instituciones, dirigidas por personas de gran espíritu cristiano, que luchan por sacar adelante a estas víctimas de los drogoasesinos.
Los profetas actuales están denunciando no sólo este dolor de las familias de las víctimas, sino la destrucción de las selvas del Amazonas o del Chocó para sembrar arbolitos que se convierten luego en asesinos de la juventud.