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Aporte Ecológico a la Homilía del domingo

  •   Domingo Septiembre 08 de 2013
  •   Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  •    Alejandro Londoño Posada, S.J.

En estos últimos días quienes han ocupado nuestra atención han sido los campesinos. Los paros han sido la manifestación de su situación. Pero la preocupación ha de ser la suerte de los campesinos. Los paros han sido la manera de manera de hacerle sentir al gobierno y al país sus necesidades y su pobreza.

El tratado de Libre Comercio los ha perjudicado. Se ha permitido la importación de cantidad de productos que ellos desde hace tiempos han venido cultivando. Y por esta causa los precios han descendido hasta niveles que les impiden la más mínima ganancia, a veces sólo les da para comprar nuevas semillas y dejar a sus familias aguantando hambre.

Por otra parte, se han querido reemplazar las semillas ancestrales por semillas transgénicas producidas por transnacionales y cuyas ganancias salen del país. Además éstas tienen necesidad de abonos carísimos producidos por estas mismas empresas explotadoras de los alimentos.

A todos nos ha impresionado el abuso de la fuerza pública, que nos han mostrado videos como el de you tube 970 de Victoria Solano, donde les arrebatan las semillas ancestrales a los campesinos y las botan o queman.

Y si pasamos al problema de las minas, de lo que se ha llamado el extractivismo, el problema es también grave. Se puede decir que muchas personas han despertado ahora y seguido el consejo de Jesús de ver aquello de "si uno de ustedes quiere construir una torre, es obvio que primero se pone a calcular los gastos, para ver si tiene con que terminar. Porque si, después de echar los cimiento no puede terminar, todos los que lo vean empezará a burlarse de él y a decir: Este hombre empezó a construir y no pudo terminar" (Lucas 14,28-30). Nosotros estábamos tan felices regalando el oro y desperdiciando los ecosistemas y el agua.

El Instituto latinoamericano para una sociedad y un derecho alternativos (ILSA), nos propone pensar en la economía de una región amenazada por la gran minería haciendo el parangón con la agricultura campesina ancestral.

En la economía agraria se invierte, una y otra vez, para así renovar el ciclo, en una tierra distribuida equitativamente entre los campesinos raizales. La gran minería, en cambio, pretende con una sola inversión colocar un pasivo impagable y monopolizado por la inversión extranjera.

La primera produce el 20% de regalía para el país; mientras el sector minero sólo dejas el 4%. La primera fortalece la cultura agraria; la segunda se lleva el oro y demás recursos minerales del subsuelo. La primera cuida las tierras; la segunda destruye los ecosistemas y contamina las aguas.

La economía agraria produce soberanía, autonomía y seguridad alimentaria. La minera crea dependencia. La primer sigue trabajando para llevar el alimento a la mesa de los colombianos y sigue dando empleo; La segundo, gracias a los descuentos tributarios de lo que se beneficia, nos deja más pobreza.

Por tanto, hemos de ser inteligentes y solidarios para no dejar construir unos rieles y unas tales locomotoras que sólo dejen ruinas al país y en especial a los campesinos.

Tratándose de un esclavo, Filemón, Pablo muestra tánto cariño y valora tánto su persona. Lo mismo hemos de hacer nosotros en estos días con nuestros hermanos campesinos, esclavos de la tierra. Con esta esclavitud ellos se preocupan de nuestra seguridad alimentaria. Hemos de ser agradecidos. Hagámoslo hoy y de un modo especial al ofrecer el pan y el vino que ellos cultivan con tanto esfuerzo.