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Pistas para la Homilía

  •   Domingo Septiembre 08 de 2013
  •   Pistas para la Homilía del Domingo
  •    Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.

Vayamos por la vida ligeros de equipaje

Lecturas:

  • Libro de la Sabiduría 9, 13-18b
  • Carta de san Pablo a Filemón 9b-10. 12-17
  • Lucas 14, 25-33

Después de escuchar la proclamación del evangelio, quedamos sorprendidos por la radicalidad del planteamiento de Jesús: "Si alguno quiere seguirme y no me prefiere a su padre y a su madre, a su esposa y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, más aún, a sí mismo, no puede ser mi discípulo”; más adelante continúa el texto: “Cualquiera de ustedes que no renuncie a todos sus bienes, no puede ser mi discípulo".

Estas expresiones del Maestro nos dejan profundamente desconcertados, pues parecería que el camino del seguimiento a Él es prácticamente imposible, ya que quedaría reducido a un puñado de seres heroicos que tienen el valor y la vocación de asumir un estilo de vida a la manera de San Francisco de Asís o de la Madre Teresa de Calcuta.

Surgen muchas preguntas: ¿será que hay incompatibilidad entre los lazos familiares y el seguimiento de Jesús?, ¿será que los bienes materiales son despreciables?, ¿será que la generación de riqueza y la creación de nuevos puestos de trabajo entran en conflicto con el Reino de Dios?

Recomiendo prudencia al responder a estos interrogantes; si nos apresuramos, podremos responder, de manera simplista, a las preguntas que surgen al oír la propuesta radical de Jesús:

  • Los lazos familiares son el fundamento de la vida; es imposible la construcción de un tejido social sano, si no existen unas familias en las que se aprenda a amar, dialogar, perdonar y servir. Jesús no puede contradecir el plan de Dios sobre la familia.
  • Cuando leemos los dos relatos de la Creación que aparecen en el libro del Génesis, comprendemos la santidad de la creación; todo lo que ha salido de las manos amorosas de Dios es bueno. Otra cosa muy diferente es el uso equivocado que los seres humanos podemos hacer de esos bienes.
  • Dios nos ha confiado la tarea de continuar su obra creadora mediante el trabajo de nuestras manos y el desarrollo de la ciencia y la tecnología. Sería irresponsable de nuestra parte no asumir nuestros deberes como administradores de la creación y transformadores del mundo.

Después de estas sencillas consideraciones sobre la santidad de la familia, la bondad de la creación y nuestro compromiso con la transformación del mundo por medio de trabajo, nos sentimos todavía más desconcertados. ¿Qué nos quiere decir Jesús cuando exige el desapego familiar y la renuncia a los bienes?

Estas exigencias radicales de Jesús para aquellos que quieren contarse entre sus discípulos dejan muy claramente formulada la exigencia de evitar las ambigüedades; el seguimiento de Jesús no tolera las posiciones de aquellos que no se definen en cuanto a sus afectos y fidelidades. Dios nos ha creado con un corazón capaz de amar y los lazos afectivos son un componente esencial de la existencia humana. Pero por encima de todos los afectos humanos, está el amor a Dios, que nos pide que nos entreguemos con todas nuestras energías. El amor a Dios no puede ser vivido de tiempo parcial. La primacía del amor de Dios sobre los demás afectos humanos, por nobles que sean, es el sentido de este requisito radical para ser considerados como uno de sus discípulos.

¿Cuál es el sentido de la otra exigencia radical que plantea el Señor frente a los bienes materiales? Es un llamado a no convertirlos en fines, sino a verlos como medios o herramientas al servicio de una vida digna no solo para unos cuantos sino para todos. La avidez por acumular riquezas es incompatible con los discípulos de Cristo. El que tiene puesto su corazón en el dinero se siente seguro en su riqueza y no se abre al mensaje de salvación, pues cree que tiene acceso a todo gracias al poder que le otorga el dinero.

La lógica de la sociedad de consumo nos impulsa a comprar, gastar y desechar; la publicidad quiere convencernos de que, si compramos determinados productos, seremos más exitosos y felices. Es una propuesta de vida que se apoya en el tener. Tal perspectiva es incompatible con el Reino de Dios que se inspira en el amor, la gratuidad del don de Dios y el deseo de servir a los demás.

La acumulación de objetos nos limita en cuanto a las decisiones que podemos tomar. Las cosas materiales hacen pesado nuestrocaminar por la vida. Por eso el auténtico discípulo de Cristo va por la vida ligero de equipaje.

Es hora de terminar nuestra meditación dominical sobre las duras condiciones que Jesúsformula a aquellos quequieren ser contados entre sus discípulos. No interpretemos estas exigencias como algo inhumano que nos pide mirar con sospecha el amor familiar y los bienes materiales. A través de este lenguaje, Jesús nos exhorta a desterrar las ambigüedades en los afectos, la posesividad y la manipulación en las relaciones interpersonales; y nos invita a no esclavizarnos de los bienes materiales y a usarlos – como decía San Ignacio de Loyola – tanto cuanto nos ayuden a cumplir la misión que nos ha confiado Dios.