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Pistas para la Homilía

  •   Domingo Septiembre 29 de 2013
  •   Pistas para la Homilía del Domingo
  •    Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.

Educar para un adecuado uso de los bienes

Lecturas:

  • Profeta Amós 6, 1ª. 4-7
  • I Carta de san Pablo a Timoteo 6, 11-16
  • Lucas 16, 19-31

Las lecturas de la liturgia de este domingo son fuertes y nos sacuden interiormente. El profeta Amós hace una aguda denuncia social de las prácticas que se habían generalizado en su época; el evangelista Lucas nos relata la parábola del rico que disfrutaba de todos los placeres que le proporcionaba su inmensa fortuna, y del pobre Lázaro que pedía limosna a la entrada de la mansión. Estos dos inquietantes relatos nos invitan a reflexionar sobre el uso de los bienes materiales y los procesos educativos.

Como punto de partida de nuestra meditación dominical, debemos afirmar que los bienes materiales han sido creados por Dios y, por tanto, son buenos. Con esta afirmación queremos rechazar, de manera categórica, aquellas escuelas filosóficas y religiosas que miran con sospecha lo material; y su mirada sospechosa de lo material incluye el cuerpo, la sexualidad, el progreso, los bienes desarrollados gracias al ingenio humano. A este respecto, los cristianos afirmamos que todo lo que ha salido de las manos creadoras de Dios es santo y bueno. Otra cosa muy diferente es el uso que hacemos los seres humanos de las realidades materiales, ya que podemos orientarlas en un sentido contrario al querido por Dios. Las realidades materiales son buenas; la maldad está en el corazón humano. Después de estas consideraciones introductorias, avancemos en nuestra meditación.
En primer lugar, reflexionemos sobre los caminos que seguimos los seres humanos para adquirir dinero. En el plan de Dios, el trabajo honrado y responsable es la vía legítima para acceder a los bienes materiales. Mediante el trabajo colaboramos en la obra creadora de Dios, que prosigue a través de nuestras manos. Sin embargo, es frecuente que se transiten otros caminos con el fin de obtener bienes materiales; pensemos, por ejemplo, en los negocios ilegales, en los engaños a los clientes, en la violación de los derechos básicos de los empleados y trabajadores, en los fraudes en el pago de impuestos, etc. Estas son algunas de las estrategias seguidas por personas sin escrúpulos para quienes el fin justifica los medios.

En segundo lugar, las lecturas de hoy hacen un serio cuestionamiento sobre la sensibilidad social. Amós utiliza imágenes impactantes para denunciar el comportamiento de aquellos que convierten la obtención de riquezas en la meta más importante de su vida; dice Amós: “Se reclinan sobre divanes adornados con marfil, se recuestan sobre almohadones para comer los corderos del rebaño y las terneras en engorde. Se atiborran de vino, se ponen los perfumes más costosos, pero no se preocupan de las desgracias de sus hermanos”. Y el evangelista Lucas muestra el escandaloso contraste entre el nivel de vida del rico y la miseria de Lázaro. Son diferencias sociales tan agudas que gritan al cielo. Una de las mayores tragedias de nuestro continente latinoamericano son las escandalosas diferencias entre la riqueza de unos pocos, que controlan la mayor parte del aparato productivo, y la pobreza de las mayorías. Corresponde al Estado diseñar políticas impositivas y de inversión que permitan corregir estas injusticias. El egoísmo de los individuos debe ser corregido mediante la educación, pero también a través de la intervención del Estado.

En tercer lugar, las lecturas de esta liturgia dominical invitan a profundizar sobre el sentido y los límites de la búsqueda de seguridad económica. Es legítimo que los seres humanos tratemos de protegernos de las incertidumbres económicas que nos depara el futuro. Esta protección se hace mediante los aportes a la seguridad social, las pólizas, los ahorros, las inversiones, etc. Por un elemental sentido de responsabilidad y previsión, debemos prepararnos para atender las necesidades familiares y para vivir aquellas etapas en las que no seremos económicamente productivos. Ahora bien, una cosa es tener una cobertura razonable que nos permita mirar hacia el futuro con una relativa paz, y otra cosa muy distinta es la avidez por ahorrar, por atesorar. Debemos revisar nuestra posición ante los riesgos del futuro, porque es fácil pasar la frontera que separa el sentido de la responsabilidad para convertirnos en unos obsesivos avaros que no piensan en otra cosa que en guardar.

En este momento de nuestra meditación, los invito a dirigir nuestra mirada a los procesos educativos:

  • Estamos sometidos al bombardeo de mensajes publicitarios que proclaman que la felicidad y el éxito se logran mediante el consumo de determinados productos. En nuestras familias debemos crear espacios de reflexión que permitan contrarrestar las presiones de la sociedad consumista. Hay que educar a los niños y a los jóvenes en la austeridad; no se les puede dar gusto en todo; deben descubrir que las cosas cuestan y que hay que trabajar para obtenerlas.
  • Hay que educar a los niños y a los jóvenes para que sean capaces de compartir los juguetes, los libros, el computador, etc. Esta educación para compartir sin egoísmos será fundamental cuando vayan a fundar su propia familia y cuando asuman sus responsabilidades como ciudadanos.
  • Hay que sensibilizar a los niños y a los jóvenes ante el drama de pobreza y abandono que padecen millones de seres humanos. El contacto directo con la pobreza les permitirá desarrollar actitudes de solidaridad, generosidad y sentido de la justicia.

Dejemos que los textos del profeta Amós y la parábola de Lucas nos sacudan y nos hagan revisar la forma como administramos los bienes materiales y el dinero.