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Aporte Ecológico a la Homilía del domingo

  •   Domingo Octubre 06 de 2013
  •   Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  •    Alejandro Londoño Posada, S.J.

Cuando uno lee los periódicos o ve T.V. se siente a veces motivado a repetir las palabras que el profeta Habacuc pone en labios de Dios: “Ante mí no hay más que rapiña, violencia, pleitos y contienda” (Habacuc 1, 3). Palabras válidas si consideramos la filosofía de casi todas las empresas trasnacionales, sus patrañas, engaños y la manera de burlar las leyes que defienden los ecosistemas, la naturaleza y en último término al pueblo.

Válidas, también de rebote y carambola, frente a los comunicadores interesados sólo por el sensacionalismo y la publicidad, pero no por la educación y enseñanza.

Válidas también si consideramos la falta de solidaridad de quienes arrojan plásticos al suelo, que en último término van a favorecer las inundaciones de ríos como el Bogotá u otros; de quienes tumban árboles con cualquier pretexto; de quienes dejan fogatas encendidas en el monte con peligro de grandes incendios.

Pero por otra parte lee uno noticias de personas que se preocupan por impulsar leyes justas, inventos ecológicos, servicios más amplios para los necesitados. Basta con leer los periódicos de septiembre de la Universidad Nacional de Colombia o el de la Universidad Javeriana. Cuánta riqueza!

Estos aportes positivos como que nos impulsan a decir: “El soberbio no durará, pero el justo vivirá por su fidelidad” (Hab. 2, 4). Ojalá también a tener una confianza tan grande como aquella de la exageración con que nos reta Jesús en el Evangelio de hoy: “Si tuvieran fe, aunque fuera sólo como un grano de mostaza, dirían a ese árbol, arráncate y trasplántate al mar y los obedecería” (Lc. 17,6).

De todos modos, el mensaje central de este domingo nos lleva a la responsabilidad y a sentirnos gozosos como San Pablo que ha sido “constituido mensajero, apóstol y maestro” ( II Tim. 1-11).

Nosotros también debemos llevar mensajes de optimismo, claros y valientes como los que nos está ofreciendo en este tiempo el Papa Francisco. Debemos ser apóstoles de la obra de la Creación, ayudando a vivir el respeto a su obra, que incluye desde una piedra al parecer inútil, hasta el ser humano. Y debemos ser maestros, así no seamos profesores, de una gran ciencia, pero sí de una sabiduría, que Dios les da a los humildes y sencillos.

Cuántas veces hallamos profesores que son una lumbrera en cuanto al lenguaje y la ciencia, pero a los cuales les falta sabiduría y por eso su mensaje no cala en las mentes de los alumnos, así vivan descrestados de sus clases magistrales.
Son profesores que se quedan en el campo de la ciencia, pero no pasan al del servicio y preocupación por los demás, en especial los pobres, ni tampoco al campo de la sabiduría.

Al maestro, no al simple profesor, se le pueden aplicar algunas frases de Pablo: a su discípulo Timoteo: “Porque Dios no nos ha dado un espíritu de temor, sino de fortaleza, de amor y buen juicio” (II Tim 1, 7). Y esta otra: “Ten como norma en la fe y el amor de Jesucristo, la sana enseñanza que has recibido de mí. Conserva con la fuerza del Espíritu Santo que habita en nosotros, esa hermosa doctrina que se te ha encomendado” (II Tim. 1, 13-14).