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Aporte Ecológico a la Homilía del domingo

  •   Domingo Octubre 13 de 2013
  •   Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  •    Alejandro Londoño Posada, S.J.

En la primera lectura aparece el rey Naamán indignado porque Eliseo no salió personalmente a recibirlo y porque lo mando bañarse 7 veces en el Jordán (2 Reyes 5, 10). Se iba a regresar a su tierra, pero lo salvó su criado con la humildad y el sentido común: “Padre, si el profeta te hubiera mandado una cosa extraordinaria, ¿no le hubieras hecho caso?” (v.13). De paso le ayudó a curarse no sólo de la lepra, sino del orgullo.

A veces la gente sencilla acierta más. Bogotá lleva 7 meses viendo pasar la mayoría de los buses SIPT vacios, gastando gasolina. A las quejas, la empresa responde con cierta altivez: Miren los mapas por internet. Como si todos los pasajeros se pudieran dar ese lujo o gastar ese tiempo.

Qué distinto, si para marcar los paraderos hubieran acudido a unos obreros de esos que han debido recorrer la ciudad por 20 o más años, para ir a su sitio de trabajo. Les habrían dado dos consejos sencillo; coloquen como metas puntos bien conocidos (Bosa, Suba, Juan Rey) y pongan avisos grandes en la parte de delante de los buses.

El día 28 de septiembre, en todos los periódicos salió el resultado del Quinto Informe elaborado por el Panel Intergrupal de Cambio Climático, tenido en Estocolmo. Como informó el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, para los 259 científicos de 39 países que trabajaron el informe, la causa del cambio climático es el hombre. Fue una respuesta certera contra países y empresas, que quería lavarse las manos y atribuir estos cambios a fenómenos naturales y no a la conducta del ser humano.

Si hubieran seguido el consejo de Pablo a su discípulo Timoteo de decir por encima de todo la verdad, nos hubieran ahorrado años de no hacer nada importante para librar a la tierra de este problema, el más grave actual.

Las palabras de Pablo son bien dicientes: “La palabra de Dios no está encadenada” (II Timoteo 2,9). Por eso los cristianos tenemos la obligación de afrontar los problemas diciendo, ante todo, la verdad.

El Evangelio (Lucas 17, 11-19), por otra parte, nos permite sacar otra aplicación muy sana en este campo de la ecología. Luego de que hayamos admirado la bondad de Jesús curando a los leprosos, aprender del único enfermo que regresó a dar las gracias (v 16).

La aplicación se relaciona con la gratitud. Cuando salimos al campo y gozamos de la naturaleza, cuando en la casa admiramos unas flores, cuando recibimos la comida, trabajada por nuestros hermanos campesinos: ¿Somos agradecidos por los regalos de Dios a través de la Creación? ¿Somos tan desagradecidos como aquellos 9 curados por Jesús? ¿Somos como los vecinos, de la casa donde dan una serenata que la oyen y gozan, pero no la agradecen (comparación de San Claudio de la Colobière).