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Pistas para la Homilía

  •   Domingo Octubre 20 de 2013
  •   Pistas para la Homilía del Domingo
  •    Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.

Oremos con confianza y perseverancia

Lecturas:

  • Libro del Éxodo 17, 8-13
  • II Carta de san Pablo a Timoteo 3, 14—4, 2
  • Lucas 18, 1-8

La liturgia de este domingo tiene, como tema central, la oración, que es el encuentro personal e íntimo de nosotros, frágiles e inseguros, con Dios amor que nos protege, nos orienta en las decisiones y que siempre nos acompaña. El Salmo 120, que acabamos de recitar, expresa con elocuencia estos sentimientos: “El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra. No dejará que demos un paso en falso, pues es tu guardián y nunca duerme”.

Con frecuencia, los creyentes piensan que los encuentros con Dios a través de la oración requieren una cuidadosa preparación logística, y que deben ser regulados por un riguroso protocolo. Nada de eso es cierto. El niño no necesita papel y lápiz para preparar lo que le va a decir a su mamá cuando regrese del colegio; los novios no tienen que acudir a un diccionario de sinónimos para expresar su amor; simplemente dejan que se manifieste el corazón.

Dejémonos llevar por los textos bíblicos que nos ofrecen ricos elementos para comprender el sentido de la oración dentro de la tradición judeo-cristiana. Las lecturas de este domingo no nos presentan un tratado sistemático sobre la oración, sino que iluminan, con inspiradoras pinceladas, la vida diaria del creyente. Vamos a encontrar dos modos de oración, encarnados por Moisés y por la viuda de la parábola; el salmo refuerza la dimensión de confianza que alimenta la práctica de la oración personal; y san Pablo nos motiva a alimentar nuestra espiritualidad con la lectura frecuente de la Escritura.

Empecemos por la primera lectura, tomada del Libro del Éxodo. ¿Qué elementos nos ofrece para comprender el sentido de la oración en la vida del creyente?

  • Moisés era el líder indiscutido del pueblo de Israel, y su autoridad se extendía a todas las actividades de la comunidad, desde lo más simple y cotidiano hasta las funciones de intermediario entre Yahvé y el pueblo, intermediación que era bastante compleja dado el comportamiento errático de la comunidad.
  • En su peregrinación hacia la tierra prometida encuentran mil obstáculos; en el relato que hoy nos ocupa, Moisés encuentra a los amalecitas, que bloquean el avance de los israelitas.
  • ¿Cómo actúa Moisés? En su espiritualidad había logrado articular la acción y la contemplación; actúa, pues, en los dos frentes. Empieza por dar unas instrucciones muy precisas a Josué, que era el jefe militar de la comunidad, y después asume la tarea más importante, que era orar a Yahvé por el pueblo. Dice Moisés: “Elige algunos hombres y sal a combatir a los amalecitas. Mañana, yo me colocaré en lo alto del monte con la vara de Dios en mi mano”. Estaban, pues, claramente asignadas las tareas: Josué lideraba a los soldados y Moisés oraba por el resultado favorable de la batalla.
  • Nos produce curiosidad un detalle que es importante dentro del relato: “Cuando Moisés tenía las manos en alto, dominaba Israel, pero cuando las bajaba, Amalec dominaba”. ¿Qué sentido tiene esto? En la tradición religiosa de Israel, el creyente ora con todo su ser: con su corazón y su mente, con las palabras que salen de su boca y con los movimientos corporales; dentro de su antropología, la expresión corporal está integrada en el culto y en la oración; algo semejante encontramos en otras culturas, que integran el canto y el baile dentro de sus ritos.
  • Los maestros de oración recomiendan que para orar escojamos la posición corporal que más ayude al recogimiento. Tengamos en cuenta que manejamos nuestra corporalidad de acuerdo con el contexto en que nos encontramos: una cosa es la expresión corporal relajada e informal cuando estamos con un grupo de amigos; otra cosa es cuando presentamos una entrevista con el fin de obtener un trabajo o cuando asistimos a un concierto. En consecuencia, cada uno de nosotros debe encontrar la posición corporal que más le facilite el clima de intimidad para la oración.
  • En síntesis, Moisés, hombre de fe y líder de la comunidad, asume sus decisiones con una profunda confianza en el Dios de la alianza y está en continua comunicación con Él.

En el evangelio, Lucas nos narra la parábola del juez duro e insensible que, finalmente, atiende las peticiones de justicia que insistentemente le hacía la viuda:

  • El evangelista llama la atención sobre la perseverancia de esta mujer, quien no se desanimó a pesar de los desplantes que le hizo el juez.
  • La conclusión que saca el evangelista es profundamente reconfortante para nosotros: “¿Creen ustedes acaso que Dios no hará justicia a sus elegidos, que claman a Él día y noche?”.
  • La viuda le pide al juez: “Hazme justicia”. Es una petición muy clara, pero no entra a dar instrucciones al juez acerca de lo que ella, en concreto, quisiera.
  • En nuestras peticiones a Dios deberíamos evitar la lista de deseos; eso es pretender imponerle a Dios una agenda; por eso es tan sabia la petición del Padrenuestro: “Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”. Pidámosle a Dios que descubramos cuál es su voluntad y la acojamos con amor.

Que estos dos ejemplos de oración, la de Moisés que pide por la supervivencia de su pueblo y la de la viuda que pide justicia, fortalezcan nuestra confianza en Dios y alimenten nuestra perseverancia en la oración.