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Pistas para la Homilía

  •   Domingo Noviembre 03 de 2013
  •   Pistas para la Homilía del Domingo
  •    Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.

Lecturas:

  • Libro de la Sabiduría 11, 22 – 12, 2
  • II Carta de san Pablo a los Tesalonicenses 1, 11 – 2, 2
  • Lucas 19, 1-10

El personaje de este domingo es Zaqueo, descrito por el evangelista Lucas como “jefe de publicanos y rico”. El nombre de Zaqueo significa puro, inocente; su nombre no correspondía al oficio que desempeñaba, pues en Israel, los publicanos eran los que recaudaban los impuestos para los romanos, que eran los verdaderos dueños del país. Los recaudadores de impuestos eran acusados de corruptos y traidores. Por eso suena irónico que ese personaje tenga por nombre el puro e inocente…

Pero no nos quedemos en lo anecdótico. Vayamos al contenido central de este relato sobre el proceso de transformación que vivió Zaqueo. El punto de partida de este proceso que le cambió la vida es un deseo: “Trataba de conocer a Jesús”. No tenemos elementos ciertos que nos permitan conocer los motivos profundos de este deseo. Ciertamente, las enseñanzas y milagros de Jesús corrían de boca en boca por los caminos y los pueblos. Era imposible sustraerse a la curiosidad de conocer a una persona tan singular. Pero, más allá de una natural curiosidad, Zaqueo pudo tener otro tipo de inquietudes internas, que quizás no podía formular con claridad, pero que lo tenían desasosegado y le impedían estar satisfecho con su riqueza, obtenida por medios dudosos.
Zaqueo no se quedó en el simple deseo de conocer a Jesús, sino que emprendió acciones concretas. Muchas veces los buenos deseos se esfuman porque falta la voluntad firme de hacerlos realidad. Zaqueo tenía una limitación, que era su corta estura, que le impedía ver a Jesús en medio de las multitudes que lo rodeaban. Superó esta dificultad con una decisión muy audaz: decidió subirse a un árbol para verlo cuando pasara. Esta escena no sería exótica si el protagonista fuera un muchacho; pero sí debió sorprender a más de un transeúnte ver a un alto funcionario de la administración, elegantemente vestido, subido en un árbol. Un escena un poco ridícula... Pero Zaqueo no se dejó presionar por el temor a “hacer el oso”; fue mucho más fuerte su deseo de ver a Jesús.

Las expectativas de Zaqueo eran muy puntuales: simplemente ver al famoso personaje; no pretendía una entrevista ni que le firmara un autógrafo. Nunca imaginó lo que vendría después. Jesús lo vio en el árbol y le dijo: “Zaqueo, bájate pronto, porque hoy tengo que hospedarme en tu casa”. El deseo de Zaqueo de ver a Jesús y el esfuerzo que hizo llamaron la atención del Maestro, quien le hace una invitación que lo llena de alegría. Jesús sabía muy bien que sus palabras serían registradas por sus enemigos pues les darían más argumentos en su contra: “Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador”. La buena voluntad mostrada por Zaqueo creó un clima favorable para que el don de la gracia se manifestara en él.

¿Cómo responde Zaqueo a la invitación que le hace Jesús? El texto del evangelista Lucas explicita tres reacciones:

  • La primera reacción es el sentimiento de alegría. Zaqueo está feliz porque no solo pudo satisfacer la curiosidad de ver al famoso personaje del que todos hablaban; esa persona tan especial se dirigió a él llamándolo por su nombre y le expresó el deseo de ir a su casa. ¡Había valido la pena exponerse al ridículo!
  • La segunda reacción es la total disponibilidad. Inmediatamente se puso de pie acogiendo así el llamado del Señor.
  • La tercera reacción es la firme decisión de cambiar de vida. Jesús le ha tocado el corazón y así Zaqueo reconoce sus pecados y expresa, con decisiones concretas, su firme voluntad de conversión: “Mira, Señor, voy a dar a los pobres la mitad de mis bienes, y si he defraudado a alguien, le restituiré cuatro veces más”; es decir, ofrece una indemnización del 400%.

Al principio de esta meditación decíamos que nos llamaba la atención el contraste entre el nombre del personaje - Zaqueo significa puro e inocente – y el oficio que desempeñaba; identificábamos una total incompatibilidad entre el nombre y el oficio. Después del encuentro con Jesús, el nombre de Zaqueo expresa el nuevo ser que ha surgido en él. Por eso Jesús le dice: “Hoy ha llegado la salvación a esta casa”.

Muchos hermanos nuestros, alejados de Dios, alguna vez han sentido curiosidad por Jesús, por sus palabras de fraternidad, por su amor por los pobres; detrás de esa curiosidad hay una búsqueda de sentido. Que el ejemplo que damos los cristianos contribuya a hacer visible el rostro de Cristo. Hay que reconocer, con tristeza, que el antitestimonio de los creyentes contribuye al ocultamiento de los valores espirituales; en lugar de facilitar el descubrimiento del rostro amoroso de Dios nos convertimos en un estorbo para la búsqueda religiosa de muchos.