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El alimento

  •   Domingo Agosto 05 de 2012
  •   Pistas para la Homilía del Domingo
  •    Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.

Lecturas:
Libro del Éxodo 16, 2-4. 12-15
Carta de san Pablo a los Efesios 4, 17. 20-24
Juan 6, 24-35

La liturgia de este domingo gira alrededor del alimento, factor esencial para la conservación de la vida; ahora bien, cuando nos referimos a la “vida”, no pensamos exclusivamente en la biología; igualmente, hablamos de vida afectiva, de vida intelectual, de vida laboral, de vida social, de vida espiritual. Así como afirmamos que la vida biológica debe ser conservada a través de un adecuado suministro de nutrientes, también las otras dimensiones de la VIDA – tan importantes como la dimensión biológica – deben ser protegidas y alimentadas. Veamos cómo plantean las lecturas de este domingo el tema de la alimentación y el significado que esto tiene para nosotros.

El libro del Éxodo nos narra la crisis que tuvieron que afrontar Moisés y Aarón pues la comunidad estaba exasperada por la escasez de alimentos en su travesía por el desierto hacia la tierra prometida. La protesta se expresa en términos muy directos: “Ustedes nos han traído a este desierto para matar de hambre a toda esta multitud”. La situación era extremadamente grave. Estaban tan desesperados que añoraban los tiempos de esclavitud en Egipto; allá eran explotados económicamente y estaban sometidos a estrictos controles, pero no les faltaba la comida: “Ojalá hubiéramos muerto a manos del Señor en Egipto, cuando nos sentábamos junto a las ollas de carne y comíamos pan hasta saciarnos”.

El evangelio que acabamos de escuchar nos permite asistir a la conversación que sostuvo Jesús con un grupo de seguidores. Con un impresionante sentido pedagógico, el Maestro va guiando a sus interlocutores para que interioricen la experiencia que vivieron cuando Él alimentó milagrosamente a más de cinco mil personas, purifiquen sus motivaciones las cuales eran – hasta ese momento – muy materialistas, y se abran a una experiencia de fe. Este texto del evangelista Juan es una hermosa catequesis sobre la eucaristía, articulada alrededor del tema del alimento.

Jesús inicia el diálogo de una manera brusca y sin rodeos diplomáticos, pues les echa en cara que son unos interesados: “Yo les aseguro que ustedes no me andan buscando por haber visto señales milagrosas, sino por haber comido de aquellos panes hasta saciarse”.

La estrategia de comprar fidelidades y adhesiones dando comida - que Jesús censura - es la que utilizan, en nuestra época, algunos jefes políticos y líderes de grupos religiosos que compran votos y suman adherentes repartiendo mercados. Estos seguidores se venden al mejor postor.

El ácido comentario de Jesús debió sorprender a sus interlocutores. Con estas palabras, Jesús quería llevarlos a que se cuestionaran sobre la sinceridad de sus motivaciones. Pero el cuestionamiento va más lejos, pues los interroga también sobre el sentido de su trabajo; en el fondo, se trata de una pregunta sobre la jerarquía de valores que los inspiraba: “No trabajen por ese alimento que se acaba, sino por el alimento que dura para la vida eterna”.

En esta catequesis eucarística, que tiene como hilo conductor el alimento, Jesús introduce un tema muy importante que tiene que ver con la manera de entender la religión. Veamos la secuencia del diálogo:
Sus interlocutores, que son judíos piadosos, le preguntan: “¿Qué necesitamos para llevar a cabo las obras de Dios?”. Esta pregunta ya tenía una respuesta oficial dentro de la tradición judía: la obra de Dios consistía en seguir al pie de la letra lo que estaba mandado por la Ley en cuanto a ayunos, limosnas, fiestas, oraciones, preparación de alimentos, etc. La fidelidad a Dios se expresaba cumpliendo con las normas.
Jesús introduce un concepto radicalmente nuevo en la comprensión y vivencia de la relación con Dios: “La obra de Dios consiste en que crean en aquel a quien Él ha enviado”. Acoger en la fe la persona y las enseñanzas de Jesucristo es la obra de Dios por excelencia.
El diálogo catequético avanza y los interlocutores van madurando a través del proceso; en la conversación regresan al tema del alimento, al maná que los antepasados comieron en el desierto; en este diálogo, su corazón se abre a la acción de Dios y por eso exclaman: “Señor, danos siempre de ese pan”; Jesús les contesta: “Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no tendrá hambre y el que cree en mí nunca tendrá sed”.

Es muy interesante ver cómo la liturgia, a través de estos textos del libro del Éxodo y del evangelista Juan, nos traslada desde la protesta de los israelitas en el desierto por causa de la escasez de alimento, hasta la auto revelación del Señor como Pan de Vida.

Esta catequesis del Señor sobre el Pan de Vida suscita en nosotros una revisión sobre la espiritualidad: ¿cómo nutrimos nuestra vida interior?:
Familias: ¿cómo alimentan ustedes sus vínculos como parejas y como padres e hijos? La vida familiar necesita ser nutrida a través de la comunicación, de la tolerancia, de las expresiones de afecto, compartiendo espacios comunes, orando juntos, acercándose a la misa dominical para escuchar la Palabra de Dios y alimentarse con el Pan eucarístico.
Sacerdotes: ¿cómo nutrimos nuestra vida interior? Nadie da lo que no tiene. Si los sacerdotes no alimentamos nuestra vida interior con la lectura meditada de la Biblia, si no tenemos tiempos dedicados a la oración, si no nos actualizamos en la Teología, terminaremos siendo administradores escuálidos de unos servicios sacramentales, y renunciaremos a ser auténticos sembradores de fe, esperanza y amor en el corazón de nuestras comunidades.

Que estas sencillas reflexiones alrededor del sugestivo tema del alimento como factor esencial para la conservación de la vida, nos inspiren para revisar y ajustar nuestras relaciones familiares y nuestra opción sacerdotal, las cuales necesitan alimentarse de espiritualidad.