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Aporte Ecológico a la Homilía del domingo

  •   Domingo Noviembre 17 de 2013
  •   Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  •    Alejandro Londoño Posada, S.J.

San Pablo nos narra detalles muy edificantes de su vida. De modo especial recalca cómo no comió de balde el pan: “al contrario, hemos trabajado con esfuerzo y fatiga día y noche para no ser carga a ninguno de ustedes” (II Tesalonisenses 3, 7). E insiste que no es porque no tenga el trabajador derecho a su sustento, sino porque quería darles ejemplo de trabajo.

Y termina con una admonición fuerte: “El que no quiera trabajar, que no coma” (v. 10). Y a los perezosos les manda y ordena, en nombre del Señor Jesucristo, que trabajen en paz para ganarse el pan (v.12).

Qué bueno sería que cuando nos sentemos a la mesa, pensemos en aquellos que trabajaron lo que nosotros vamos gustar. Detrás de nuestros platos encontraremos miles de campesinos sembrando, abonando, desyerbando, recogiendo, almacenando y enviándonos los alimentos, ya se trate de papas, yucas, legumbre, verduras, frutas, etc.

En los Ejercicios Espirituales, en especial con jóvenes, con el fin de sensibilizarlos socialmente, conviene preguntarles por la mañana al tomarse un tinto: ¿Quiénes están detrás de este vasito de café? Y comienzan a mencionar a quienes lo sembraron, cultivaron y recogieron en los cafetales.
Pero de pronto ven que deben añadir otro número inmenso de personas: los que hicieron los costales, los que fabricaron los carros para transportarlo a las ciudades, los que producen la gasolina, las carreteras, los puentes, etc. Incluso a la lista añaden a la policía que cuida carretera, los bancos que fabrican los billetes, las tiendas, etc.

Es decir, para que yo tome un poco de café, miles de personas colaboraron. El mismo ejemplo vale cuando se analiza cómo el gerente de una fábrica de cerveza cree que él sólo está actuando para que nos llegue la cerveza, pero cuando analizamos con detalle el caso, son miles y miles de personas. Y la pregunta obvia: ¿Por qué casi toda la ganancia queda en manos del dueño de la fábrica si la vende? Quizás haya trabajado con honradez, pero no solo. Y si no comparte las ganancias con los demás trabajadores: ¿en dónde está la tal honradez?

Estos ejemplos valen para los que trabajan. ¿Y qué diremos entonces de los que no trabajan? Cuando miramos la T.V., vemos con tristeza muchísimas sillas vacías de los senadores absentistas. Y mientras tanto, miles de personas aguardando los decretos sobre la defensa de Naturaleza amenazada por la codicia del oro, que en nada va mejorar su pobreza. ¿Y qué decir del aumento de beneficios a estos señores congresistas, de seguro para obtener ganancias electorales?
Aquí valdría la máxima paulina: el que no trabaja, que no coma! Y también pensar en la propuesta de votar en blanco para así eliminar quienes en nada nos representan.