Aporte Ecológico a la Homilía del domingo

  •   Domingo Diciembre 15 de 2013
  •   Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  •    Alejandro Londoño Posada, S.J.

La Iglesia nos ha invitado a recorrer un camino en esta época de adviento. Hoy las lecturas nos hablan de ese camino, que Isaías lo presenta como un desierto estéril que se llenará de flores de modo que la gente se desborde de alegría: “Miren, ya llega su Dios a hacer justicia, viene a dar a cada uno su merecido; viene en persona y les da la salvación. Entonces los ciegos recobrarán la vista, los oídos del sordo se abrirán, los cojos tendrán agilidad de venados, los mudos cantarán. Rescatados por el Señor, volverán del desierto” (Isaías, 35, 5-6 y 10).
Es un camino muy diferente a la que nos ha estado proponiendo la sociedad de consumo. Esta nos ha venido acosando con las compras, los gastos y los regalos de las fiestas navideñas. No ha pasado una semana en que no aparecieran separatas y folletos en los periódicos, con colores navideños, anunciando productos finos, ropa elegante, comida exquisita. Lo mismo han hecho la televisión y la radio. A todo esto hemos llamado el Robo de la Navidad. También el Pecado contra la Ecología.

Santiago emplea una comparación muy ecológica para invitarnos a tener paciencia en la espera del Señor: “Así hace el agricultor: espera la anhelada cosecha de sus campos” (Santiago 5,7).

El Evangelio nos presenta al mensajero que viene a preparar ese camino, Juan Bautista. Y nos muestra cómo Jesús lo presentó después no como una caña sacudida por el viento, ni como a un hombre vestido delicadamente como los hombres de los palacios de los reyes.
La Navidad es la fiesta es la fiesta de los niños. Y de los mayores! El pesebre es la exposición de la naturaleza. En él se colocan, además de figuras humanas, las bellezas de la naturaleza, los árboles y las plantas, las cascadas y los lagos. Pero con frecuencia también los diferentes caminos.

Quienes hacen pesebres, deben elegir a qué camino le van a dedicar más atención. Está el sendero de María para subir a la montaña y visitar a su prima Isabel; el camino de Nazaret a Belén recorrido por María y José; la ruta de los magos narrada por Mateo, el camino de los pastores amigos de Lucas. Y añadamos otros caminos parecidos, por desgracia, a algunos de hoy: el camino del exilio a Egipto para escapar del tirano Herodes y el camino de regreso a Nazaret para escapar de otro tirano, Arquelao.

Nosotros regresemos ahora al camino litúrgico de estas tres semanas y hagámonos esta pregunta: ¿Cómo he vivido este camino del Adviento? ¿Lo he vivido con fe y esperanza?
Y no está por demás pensar en nuestras actuales Caminatas Ecológicas. Ninguna de los anteriores caminos tenía ese nombrecito, que suena como a “turismo alternativo”. Pero adivinamos que por aquellos caminos y senderos se contempló la naturaleza, se gozó del paisaje y se alabó al Creador. Una posibilidad semejante podrían ofrecernos estas caminatas, en estos tiempos navideños y con mayor razón en los días siguientes.

Estos caminos, estas salidas son pensadas para huir de la cotidianidad, descansar de la ciudad, recorrer y gozar de nuevos ambientes. No se trata de competir con el turismo. No se recorre lo mismo a pie que en carro. Se abarca menos, pero se palpa mejor el terreno. Es otra manera de conocer la naturaleza, más de cerca y de coleccionar mil detalles que de otra forma pasarían desapercibidos.