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Pistas para la Homilía

  •   Domingo Diciembre 15 de 2013
  •   Pistas para la Homilía del Domingo
  •    Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.

Lecturas:

  • Profeta Isaías 35, 1-6ª. 10
  • Carta del apóstol Santiago 5, 7-10
  • Mateo 11, 2-11

Los villancicos que cantamos en este tiempo de Adviento expresan el sentimiento predominante en estas celebraciones: “Ven a nuestras almas, ven, no tardes tanto”. Con instrumentos musicales improvisados, hacemos nuestra oración en familia. La liturgia de este III Domingo de Adviento tiene la impronta de la espera. Veamos cómo se particulariza ese sentimiento en cada uno de los textos.

Nos hemos unido a la plegaria del Salmo 145 recitando: “Ven, Señor, a salvarnos”. Esta petición tan sencilla tiene alcances y significados diversos, dependiendo de la persona que la haga:

  • Para el niño que contempla extasiado el pesebre, el árbol y las luces de navidad, la petición “Ven, Señor, a salvarnos” expresa el afán de que llegue el día de la repartición de los aguinaldos y de los apetitosos platos navideños.
  • Para el adulto creyente que vive en espíritu de fe esta temporada de preparación a la Navidad, la petición "Ven, Señor, a salvarnos" apunta al bienestar de su grupo familiar y a las preocupaciones de poder satisfacer sus necesidades.
  • Para las personas de la tercera edad, la petición “Ven, Señor, a salvarnos” es oración por sus hijos y nietos, para que el Señor los proteja de todo mal, y no se aparten de los valores éticos y religiosos que les han inculcado. Igualmente, le piden a Dios que les dé la paz interior para ir asumiendo las limitaciones y pérdida de la autonomía que son consecuencia del paso de los años.
  • Para los pobres, la petición “Ven, Señor, a salvarnos” expresa la angustia que experimentan cada día para sacar adelante sus familias en medio de circunstancias muy duras, como son el desempleo, la violencia en los barrios y la falta de oportunidades.
  • Como vemos, esta sencilla expresión “Ven, Señor, a salvarnos”, que sintetiza las expectativas del Adviento, expresa sentimientos y situaciones muy diferentes.

Después de estas consideraciones a propósito del Salmo responsorial, vayamos al texto del profeta Isaías. Allí encontramos tres tipos de imágenes: el paisaje del desierto; la referencia a las manos cansadas, las rodillas vacilantes y el corazón apocado; y la descripción de diversos tipos de discapacidad (ciegos, sordos, cojos, mudos).

Aunque se trata de imágenes literarias heterogéneas, tienen un elemento común que las aglutina. El profeta Isaías quiere mostrar, por vía de contrastes, cómo se presenta la realidad antes de la venida del Mesías y las transformaciones que se producirán con su presencia:

  • Sin fe y sin espiritualidad, la existencia humana es desierto árido, manos cansadas, rodillas vacilantes, corazón apocado, ceguera, sordera, inmovilidad, incomunicación.
  • Cuando nos abrimos a la trascendencia e incorporamos a nuestra vida diaria los valores espirituales, cambia toda la dinámica de nuestra vida. Eso es lo que nos comunica el profeta Isaías en el que texto que hemos escuchado.

Vayamos ahora al texto de la Carta del apóstol Santiago. Su mensaje es muy sencillo: “Sean pacientes hasta la venida del Señor”. Con estas palabras, el apóstol nos hace caer en la cuenta de que nuestros tiempos son diferentes a los tiempos de la historia de la salvación. Cuando le expresamos a Dios nuestras necesidades, igualmente le indicamos cuál es la solución que queremos y el tiempo de respuesta. Dejemos a un lado las proyecciones humanas y tomemos en serio lo que decimos en la oración del Padrenuestro: “Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”. Dios, en su sabiduría infinita, sabe lo que nos conviene. Dispongamos nuestro interior para acoger sus determinaciones y sus tiempos; no queramos imponer nuestros caprichos.

El texto del Evangelio de Mateo da testimonio de los signos que señalan que el Reino de Dios no es simplemente una promesa, sino que ya está presente. Igualmente, son identificados quiénes son los destinatarios prioritarios de su oferta de salvación.

Cuando uno estudia la organización social de las diversas comunidades a lo largo de la historia, toma conciencia de la existencia de una rígida estratificación social; en el vértice de la pirámide en estas sociedades tradicionales encontramos a la nobleza, el ejército, los funcionarios de la administración, la casta sacerdotal; y después vienen los diversos oficios y profesiones. Los excluidos por causa de la pobreza, de la enfermedad o de su condición social, no son incorporados dentro de esta rigurosa jerarquización. Son ignorados; es como si no existieran.

El Reino de Dios que se hace presente en Jesucristo es subversivo, porque arrasa con los paradigmas tradicionales sobre las jerarquías sociales. Los que no aparecían dentro de la pirámide social porque eran invisibles, pasan a ocupar el vértice; son los predilectos de Dios; son los bienaventurados.

Es hora de terminar nuestra meditación dominical. Sigamos avanzando hacia esa fecha tan especial de la celebración del nacimiento del Señor. Abramos nuestro espíritu para que su mensaje de espiritualidad transforme nuestros hogares. Que la petición del Salmo, “Ven, Señor, a salvarnos”, esté continuamente en nuestros labios.