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Homilía domingo XVII

  •   Domingo Agosto 05 de 2012
  •   Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  •    Alejandro Londoño Posada, S.J.

Para contribuir casi en un 30% a la solución de la crisis energética, se están utilizando millares de hectáreas de tierra cultivable para la producción de agro-energía. Gran parte de esa tierra está situada en América Latina. Son monocultivos, que destruyen la biodiversidad y contaminan los suelos y el agua. Son plantaciones, donde no encontramos aves, mariposas, ni tampoco peces en los ríos vecinos.

La crisis alimentaria, según el informe del Banco Mundial, en los dos últimos años incrementó el precio de los alimentos en un 85% y precipitó a más de 100 millones de personas a estar por debajo de la línea de la pobreza. Es decir a aguantar HAMBRE.

Es probable que hayamos escuchado muy buenas homilías sobre el capítulo 6o de Juan, sobre el Pan de Vida. De seguro los predicadores nos han recordado cómo Moisés alimentó en el desierto a su pueblo con el maná. Sería normal también que destacaran el poder de Jesús al realizar el milagro de la multiplicación de los panes.

Es normal que estas homilías vengan acompañadas con la explicación de cómo hoy Jesús nos sigue alimentando con la multiplicación del Pan Eucarístico y que a su vez inviten a los oyentes a compartir el pan material con el prójimo.

Hoy queremos mirar los textos desde una óptica ecológica. En el texto de Éxodo 16,2-5 es el pueblo el que se queja contra Moisés por sacarlo de Egipto y dejarlo aguantar hambre. Y es Yahvé quien les ofrece “pan del cielo” (maná) y “carne en abundancia” (unas bandadas de golondrinas), para calmar tanto el descontento como el hambre.

Ahora, antes de abordar el texto del evangelio de hoy, recordemos cómo varios años antes de Juan, Marcos había dibujado dos bellos pasajes sobre la multiplicación de los panes. En el primero, son los discípulos los que le hacen caer en cuenta a Jesús que ya era tarde y estaban en un lugar despoblado y Él les manda dar de comer a la gente (Jn 6,37). En el segundo, es el mismo Jesús quien siente lástima, pues llevan 3 días con él y si los envía a sus casas en ayunas, se desmayarían por el camino, porque muchos habían venido de lejos (Mc. 8,2).

En ambos pasajes Jesús les pide a los discípulos esculcarse y mirar qué tienen para compartir con la gente. En ambos pasajes se produce un milagro parecido al que se da cuando en una Convivencia o Caminata Ecológica los participantes ponen en común lo que han traído. Todos pueden comer y hasta sobra alimento.

Cuando falta el sentido comunitario a los participantes de cualquier evento, les sucede como a los corintios, a los cuales Pablo reprende bien fuerte, pues se sientan a comer por aparte. A unos les sobra comida y otros aguantan hambre (I Cor 11, 21).

El texto de Juan, llamado el cuarto signo de su evangelio, nos presenta la Multiplicación de los Panes, seguida del Discurso sobre el Pan de Vida. Ambos forman parte del capítulo 6º. En él, el apóstol nos da una clave para entender cómo este compartir es una actitud del todo cristiana, evangélica y eucarística.

Volvamos ahora al problema del hambre y de lo que sucede con los alimentos a nivel mundial. A esto, el documento de la Conferencia Episcopal de Medellín lo llama Pecado Social. Es el Egoísmo, con mayúscula, incrustado en las estructuras económicas y políticas. El hambre es el efecto de una gran Injusticia Social y a la vez la causa de muchas violencias y guerras.

Y es un problema ecológico, como indicaban los datos al inicio indicados, sobre la mala utilización de tierras cultivables para la producción de agro-energía. En efecto, los agro-combustibles son un “crimen contra la humanidad”, como los llama Jean Ziegler, durante su mandado como Relator Especial de la ONU.

San Pablo, en la segunda lectura, quien nos exhorta a todos: “Despójense de los hábitos anteriores, propios de una humanidad envejecida, víctima de sus engaños y de sus apetitos; renuévense en su espíritu y sus criterios, revistiéndose el hombre nuevo creado a imagen de Dios“ (Efesios 4,22-24).

El mismo Evangelio que escuchamos nos invita a pedir, como los discípulos: “Señor, danos siempre de ese pan” (Jn 6,24), el pan que da la Vida y que estamos invitados a compartir, en especial con los que sufren hambre.