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Pistas para la Homilía

  •   Domingo Diciembre 22 de 2013
  •   Pistas para la Homilía del Domingo
  •    Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.

San José, maestro de madurez afectiva y madurez en la fe

Lecturas:

  • Profeta Isaías 7, 10-14
  • Carta de san Pablo a los Romanos 1, 1-7
  • Mateo 1, 18-24

Una de las rutinas más arraigadas en nuestra cultura es la preparación de los escenarios navideños, en los que participan todos los miembros de la familia. Quizás la repetición de las mismas acciones, año tras año, nos han familiarizado en exceso con estos misterios. Los invito a ir más allá de la rutina para contemplar el nacimiento de Cristo con ojos nuevos y sorprendidos. Asistimos a la realización de una promesa anunciada durante siglos por los profetas; es la inauguración de una nueva era en la relación entre Dios y la humanidad. Todo esto ocurrió dentro de la mayor discreción, de manera que el acontecimiento central de la historia pasó desapercibido para casi todos…

Las revistas del jet-set nos presentan, paso a paso, el desarrollo de los embarazos de las ricas y famosas, desde el momento en que se hace pública la noticia, las visitas al ginecólogo, las especulaciones sobre el sexo del bebé, posibles nombres, compras del ajuar que lucirá. El último gran show lo tuvimos con el cubrimiento de los hechos relacionados con el hijo de los Duques de Cambridge, Guillermo y Catalina.

Pues bien, el nacimiento del personaje más importante de la historia pasó desapercibido. Muy pocas personas – unos pastores – fueron testigos. Sorprende la sencillez con que el evangelista Mateo relata los hechos: “Cristo vino al mundo de la siguiente manera. Estando María, su madre, desposada con José…”. Es tan bajo el perfil de los protagonistas que casi son invisibles.

El texto de Mateo tiene como gran protagonista a José, quien vive una situación extremadamente complicada:

  • Antes de reflexionar sobre el proceso emocional que vive José, tengamos en cuenta que el estilo tradicional con que han sido escritas las vidas de los santos, desdibuja los rasgos puramente humanos de su carácter; son idealizados de tal manera que parecen seres provenientes de otro plantea.
  • Empecemos afirmando que el hombre que estaba comprometido con María no era un anciano, que es la manera como las imágenes suelen representar a san José. Él tenía que ser un hombre joven, hijo de una familia honrada y de buenas costumbres, responsable y que conocía un oficio que le permitía llevar una vida digna para los estándares de la época. En esas sociedades tradicionales, los padres eran quienes hacían los arreglos matrimoniales entre las familias conocidas. Esos dos jóvenes, José y María, tenían en común muchas cosas, lo cual hacía pensar que podrían construir una hermosa familia. Podemos imaginar que las dos familias pronto llegaron a un acuerdo, y así esos dos jóvenes celebraron su compromiso matrimonial, que era un paso previo a la convivencia como pareja.
  • El evangelista Mateo narra, con mucha delicadeza, la tormenta de dudas y sospechas que estremeció al joven José al saber que su novia adorada, María, estaba embarazada.
  • En medio del drama que vivía, José no perdió la lucidez de juicio y dio muestras de una gran madurez. Nos dice el evangelista Mateo que “no queriendo ponerla en evidencia, pensó dejarla en secreto”. Su dolor no fue dominado por sentimientos de venganza o despecho.

Después de transmitirnos el dolor digno y controlado de José, el evangelista Mateo continúa su descripción de los acontecimientos:

  • A través del recurso literario de un ángel que se le comunica en sueños, el evangelista incorpora nuevos elementos que le permitirán a José hacer una lectura diferente de los acontecimientos.
  • Como lo decimos en lenguaje coloquial, las cosas no eran como parecían ser: “José, hijo de David, no dudes en recibir en tu casa a María, tu esposa, porque ella ha concebido por obra del Espíritu Santo”.

Vale la pena que nos detengamos a analizar la profundidad de este texto:

  • Muchas veces las apariencias nos llevan a conclusiones equivocadas; y, lo que es peor aún, nos aferramos tercamente a nuestra interpretación y rechazamos una versión diferente de los hechos.
  • Estas situaciones son muy frecuentes en la vida de las parejas y en la relaciones con los amigos, que se ven heridas por malentendidos. ¿Qué lecciones debemos aprender? No nos atemos ciega y apasionadamente a una única lectura de la realidad, impulsados por el dolor y la desilusión. Permitámonos una segunda lectura de los hechos y no tomemos decisiones en caliente.

En medio de su juventud, este carpintero nos da una importante lección de madurez afectiva y espiritual:

  • Su madurez afectiva le permitió superar la duda mortal sobre la fidelidad de su prometida, al tomar conciencia de que todo esto, que parecía una locura, formaba parte del plan de salvación.
  • Su madurez en la fe le permitió captar la presencia de Dios en ese niño, que sería la salvación de su pueblo; el nombre que le había sido asignado, Emanuel, que significa Dios-con-nosotros-, expresaba su identidad y su misión.

Las dudas e incertidumbres hacen parte de nuestra condición humana. Cuando no se resuelven adecuadamente, pueden tener consecuencias destructivas, tanto en el campo de los afectos como en el de la fe. Por no eso no debemos permitir que las dudas vaguen en nuestro interior como fantasmas de rasgos imprecisos; esas dudas deben ser miradas a los ojos; profundicemos en ellas; lleguemos hasta el fondo para quedar tranquilos.