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Aporte Ecológico a la Homilía del domingo

  •   Domingo Enero 19 de 2014
  •   Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  •    Alejandro Londoño Posada, S.J.

Cuando Juan bautizaba al otro lado del Jordán, ve venir a Jesús y exclama: “Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.” (Juan 1, 29). Ese que quita, que borra, que destruye el pecado del mundo podemos extenderlo a los pecados ecológicos ya que con ellos se ofende al Creador, por cuanto se ofende a sus creaturas, a las cuales tantos males se les causa por puro egoísmo y maldad.

Es evidente que la misma Naturaleza nos habla clarísimo de un Creador. Y en ese sentido es un sacramento al alcance de todo el mundo, aunque no hayan oído hablar de Cristo, como en el caso de tantas personas actuales de buena voluntad. Por desgracia, hoy junto con estas, a cuántas no vemos a las que no les importa para nada el cuidado de la otra creadora de Dios y se dedican al despojo, al arrasar y destruir unos bienes destinados para el bien de toda la humanidad.

Refiriéndose a San José, el 19 de marzo del año pasado, el Papa Francisco extendió la palabra custodia - de José con la sagrada familia - a otros casos, enumerando con un sentido franciscano el mismo cuidado de la Naturaleza.

Ya Isaías, proféticamente hablando nos señalaba la venida de un mesías, al que describe con estas palabras: "Te haré luz de las naciones para llevar mi salvación hasta los confines del la tierra" (Isaías 49,6). Hoy, las personas que cuidan, que respetan la Naturaleza por amor a Dios y al prójimo, entran a hacer parte de este proyecto de ser Luz de las Naciones. Y comienzan a hablarnos explícita o a veces implícitamente del gran sacramento que es Jesús.

Casi siempre, cuando hablamos de los sacramento, nos olvidamos que existe, antes que nada, un gran Sacramento, Jesús, sacramento del Padre. Y que este Jesús nos mandó ser solidarios y amar a los semejantes como hermanos. Y que esta solidaridad, cuidado y amor por los otros, se manifiesta en el sentido de comunidad. Por eso la Iglesia es el otro gran sacramento, el sacramento no ya de Dios, sino de Jesús.

San Pablo en la carta de la liturgia de este domingo, pide no sólo por las personas que pertenecen a esta comunidad de Corinto, sino por todos los convocados y santificados en la Iglesia y por todos los que invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo: “Que Dios nuestro Padre y el Señor Jesucristo les concedan su amor y su paz” (I Corintios 1,3).

En Bogotá, el 17 de diciembre el Concejo Municipal premió con un reconocimiento especial a 40 instituciones que se dedican al cuidado ecológico de la capital. Sin duda quedaron muchas otras por fuera de este acto. Pero ya de por sí es significativo que se den tantas obras preocupadas por el bien de los demás. Pidamos por ellas, para que reconozcan no sólo al Creador y su sacramento la naturaleza, sino a Jesús y su plan ser Luz de las Naciones.

Pidamos también por nosotros, los que nos congregamos alrededor del pan y del vino, que van a ser consagrado y llevar la presencia del gran Sacramento de salvación, para que con un testimonio ecológico lo demos a conocer a otros