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Pistas para la Homilía

  •   Domingo Enero 19 de 2014
  •   Pistas para la Homilía del Domingo
  •    Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.

Lecturas:

  • Profeta Isaías 49, 3. 5 – 6
  • I Carta de san Pablo a los Corintios 1, 1-3
  • Juan 1, 29-34

El domingo anterior conmemoramos el bautismo del Señor, que es la inauguración de su ministerio; esa solemne teofanía fue interpretada por la primera comunidad cristiana como la confirmación de la identidad de Cristo y de su misión: “Este es mi Hijo muy amado en quien tengo mis complacencias”.

Después de esta impactante apertura del anuncio del Reino, la liturgia nos irá presentando, domingo tras domingo, las enseñanzas de Jesús y sus acciones en favor de los más necesitados; meditando en ellas, avanzaremos en el conocimiento de la persona del Señor y de su mensaje.

En este II domingo del Tiempo Ordinario, las lecturas que acabamos de escuchar nos presentan algunos rasgos generales del mensaje de salvación:

  • El profeta Isaías se refiere a un personaje que preanuncia, con siglos de anticipación, la labor que llevará a cabo Jesús: “Tú eres mi siervo, Israel; en ti manifestaré mi gloria. Te voy a convertir en luz de las naciones, para que mi salvación llegue hasta los últimos rincones de la tierra”.
  • Estas palabras del profeta Isaías adquieren unos rasgos muy concretos en el testimonio de Juan Bautista sobre la persona de Jesús: “Aquel sobre quien veas que baja y se posa el Espíritu Santo, ese es el que ha de bautizar con el Espíritu Santo”.
  • La luz de las naciones, anunciada por el profeta Isaías, se ha hecho presente en la historia en la persona de Jesús. Se abre así un nuevo capítulo en la historia de salvación.

Al leer estos textos bíblicos, ¿qué nos dicen a nosotros, creyentes del siglo XXI? ¿Qué interpelaciones nos hacen estos primeros momentos de la actividad pública del Señor? Con el deseo de conectar estos textos con el momento que está viviendo la Iglesia, los invito a meditar algunas de las orientaciones que ha dado el Papa Francisco en su reciente Exhortación Apostólica La Alegría del Evangelio. En palabras sencillas y cálidas, el Papa nos muestra el camino que debe seguir la Iglesia como anunciadora de la buena noticia de la salvación. Los invito a reflexionar sobre los aportes de este documento que trae vientos de renovación para la vida de la Iglesia.

Lo primero que llama la atención es el título mismo de este texto, que contiene el programa de renovación del papa Francisco. La Exhortación Apostólica empieza con las palabras “La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría”. Estas palabras del papa Francisco son reflejo de su personalidad cálida, bondadosa y de brazos abiertos para todos los seres humanos, sin barreras de ningún tipo. La alegría del Evangelio de Jesucristo es incompatible con una Iglesia de rostro duro, distante, que asume posiciones intolerantes ante la enorme complejidad de las situaciones humanas.

El Papa Francisco hace una vehemente invitación a que la Iglesia salga de sí misma: “Sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda la estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la auto preservación” (EA, 27). Esta orientación del Papa cambia la mirada de nosotros, los bautizados, pues se pasa de una Iglesia que se mira a sí misma a una Iglesia que constantemente toma el pulso de lo que sucede fuera de los conventos y sacristías. Por eso el papa Francisco insiste en salir a la periferia, sin esperar a que nos busquen sino ir al encuentro de los seres humanos que necesitan la luz que ofrece el Señor resucitado; la Iglesia que nos propone Francisco “sabe adelantarse, tomar la iniciativa sin miedo, salir al encuentro, buscar a los lejanos y llegar a los cruces de los caminos para invitar a los excluidos” (EG, 24). Estas palabras del Papa nos motivan a un cambio muy profundo en la acción pastoral de la Iglesia.

Las organizaciones tienden a aferrarse a la inercia de las prácticas que se han ido probando a lo largo de los años y que pudieron resultar eficaces en un contexto particular. Este peligro del anquilosamiento es mucho más fuerte en la Iglesia, una institución de dos mil años de antigüedad. Por eso las palabras del Papa seguramente sonarán incómodas a los fieles que añoran la seguridad de las estructuras del pasado; nos dice el Papa: “La pastoral en clave de misión pretende abandonar el cómodo criterio pastoral del siempre se ha hecho así. Invito a todos a ser audaces y creativos en esta tarea de repensar los objetivos, las estructuras, el estilo y los métodos evangelizadores de las propias comunidades” (EG, 33).

Es hora de terminar nuestra meditación dominical. El texto evangélico de hoy nos ubica en las primeras etapas de la vida pública del Señor. Nos ha parecido pertinente conectar la liturgia con las orientaciones del Papa sobre la acción evangelizadora de la Iglesia. Oremos por el Papa Francisco para que pueda sacar adelante este formidable reto de renovar las estructuras de la Iglesia en medio de un mundo con agudas tensiones y profundamente secularizado.