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Pistas para la Homilía

  •   Domingo Enero 26 de 2014
  •   Pistas para la Homilía del Domingo
  •    Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.

La luz de Cristo brilla en medio de nosotros

Lecturas:

  • Profeta Isaías 8, 23—9, 3
  • I Carta de san Pablo a los Corintios 1, 10-13.17
  • Mateo 4, 12-23

Según el Diccionario de la Real Academia, el significado de la palabra luz pertenece al ámbito de la Física; el diccionario la define como “agente físico que hace visibles los objetos; claridad que irradian los cuerpos en combustión, ignición o incandescencia”. Ahora bien, en la lengua viva de los pueblos, la palabra luz es mucho más que eso; es una palabra que se usa para expresar matices particulares de muchas situaciones. Veamos algunos ejemplos:

  • Con frecuencia, las biografías se refieren al nacimiento de algún personaje con la frase convencional “vio la luz del día en tal fecha”. Así como el comienzo de la vida se describe en relación con la luz, la oscuridad, que es lo opuesto a la luz, se asocia con la muerte.
  • Cuando se analizan los niveles de educación de una comunidad concreta, es frecuente describir el analfabetismo o el deficiente desarrollo educativo con la oscuridad, y las políticas para impulsar una educación de calidad como una manera de iluminar la vida de los individuos y las comunidades, y así ofrecerles oportunidades de mejoramiento.
  • Estos dos ejemplos son suficientes para comprender la riqueza de simbolismos que asociamos con la palabra luz, cuyo alcance va más allá de la Física. En las diversas culturas, la palabra luz se asocia con experiencias positivas, y las palabras oscuridad/tinieblas evocan lo negativo.

Después de esta breve introducción, podemos entrar de lleno en las lecturas bíblicas que nos propone la liturgia de este domingo, que tienen como tema central la luz:

  • El profeta Isaías se refiere a la actividad que llevará a cabo el Mesías, quien cambiará la suerte de Israel: “El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz. Sobre los que vivían en tierra de sombras, una luz resplandeció”. El profeta Isaías describe la salvación como un pasar de las tinieblas a la luz.
  • En el salmo, hemos orado diciendo: “El Señor es mi luz y mi salvación”. Esta profunda convicción que expresa el salmista, producto de su total confianza en Dios, le da seguridad para afrontar los obstáculos que encuentra en el camino de la vida: “El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién voy a tenerle miedo? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién podrá hacerme temblar?”
  • El evangelista Mateo nos relata las primeras salidas del Maestro, y aplica a Jesús las palabras del profeta Isaías que acabamos de escuchar. Jesús es el Mesías anunciado que trae la luz a todas las naciones; a través de sus palabras y acciones milagrosas llega a su plenitud el plan de salvación.

En el Antiguo Testamento, la luz es un símbolo cargado de contenidos teológicos; quiero referirme a algunos de ellos:

  • Recordemos que el libro del Génesis nos dice que el primer acto creador de Dios consistió en separar la luz de las tinieblas. Es una hermosa manera de referirse al comienzo del universo, que es un extraordinario despliegue de energía, formas, colores, movimiento.
  • En los escritos del Antiguo Testamento – también ocurre en el Nuevo Testamento -, hay unos relatos que describen manifestaciones particularmente solemnes de la presencia de Dios, las cuales se llaman teofanías; estos momentos siempre están acompañados de una luz deslumbrante, es decir, la luz es un símbolo de la manifestación de la gloria de Dios.

Con el nacimiento de Jesucristo, la promesa del Antiguo Testamento se hace realidad y su luz ya está en medio de los hombres. Es lo que nos recuerda el evangelista Mateo. Cristo es luz del mundo con sus acciones y actuaciones milagrosas, a través de las cuales nos va revelando el misterio de Dios. La existencia humana es descrita como una lucha entre la luz y las tinieblas, el bien y el mal, la gracia y el pecado. La resurrección constituye el triunfo definitivo sobre el pecado, de la luz sobre las tinieblas.

El binomio luz/tinieblas tiene hondas implicaciones morales. Cristo es la luz, y su Reino proclama la justicia, el amor, la paz y la misericordia. Pero hay fuerzas oscuras que se oponen a este proyecto, y ellas lo llevaron a la cruz. Nosotros estamos en la mitad de este campo de batalla. Y en ocasiones nos sentimos desanimados porque pareciera que fueran a triunfar los hijos de las tinieblas, que son los corruptos que se ganan las licitaciones porque ofrecen dinero, los que pagan testigos falsos para que los jueces fallen a su favor. Muchas veces nos sentimos cansados porque pareciera que hacer las cosas bien es terriblemente desgastante y que los bandidos logran sus objetivos de manera más expedita.

En esta meditación hemos reflexionado sobre Jesucristo, luz de las naciones. Para comprender la riqueza simbólica de la palabra luz, hemos explorado su significado en el lenguaje cotidiano y en la tradición bíblica. Mediante el bautismo, participamos de la muerte y resurrección del Señor, lo cual también nos convierte en luz del mundo para nuestros hermanos. La manera práctica de llevar a cabo esta tarea está maravillosamente descrita por san Francisco de Asís en su Oración por la Paz: seremos luz del mundo sembrando amor donde haya odio, perdón donde haya injuria, fe donde haya dudas, esperanza donde haya desesperación, luz donde haya oscuridad, alegría donde haya tristeza.