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Aporte Ecológico a la Homilía del domingo

  •   Domingo Febrero 02 de 2014
  •   Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  •    Alejandro Londoño Posada, S.J.

El evangelio de hoy nos narra la Presentación de Jesús en el templo y las bellas reacciones de Simeón, hombre justo y piadoso y la de la profetisa Ana.

Simeón agradece al Señor por haberle permitido ver al Salvador y con Él la Luz que ilumina a todos los pueblos, en este caso según la promesa antigua de Isaías: “el pueblo que andaba en tinieblas vio la luz de un gran día; vivían en sombras de muerte y una luz les brilló” (Isaias 9,1).

La profetisa Ana también se presenta como una persona agradecida y se pone a hablar del niño a todos los que esperaban la liberación de Israel (Mt. 2, 38). Ella también nos recuerda la promesa de Isaías cuando dijo: “Te haré luz de las naciones hasta los confines de la tierra” (Is. 49, 6).

Hoy en día el Papa Francisco nos habla de una especial presentación de Jesús y esta aparece en su Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium. El Gozo o la Alegría del Evangelio, como debería ser el subtítulo obligado de las ediciones en español, para que las personas sencillas puedan identificar fácil este documento en la librerías.

En efecto, así comienza el primer párrafo: “La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús”. Más adelante nos invita a ser testigos en el mundo actual de esta alegría, de este espíritu, de este dinamismo evangélico.

Ya casi al final de su exhortación nos pide serlo también en un el terreno muy concreto, el ecológico. He aquí sus palabras: “Hay otros seres frágiles e indefensos, que muchas veces quedan a merced de los intereses económicos o de un uso indiscriminado. Me refiero al conjunto de la creación. Los seres humanos no somos meros beneficiarios, sino custodios de las demás creaturas. Por nuestra realidad corpórea, Dios nos ha unido tan estrechamente al mundo que nos rodea, que la desertificación del suelo es como una enfermedad para cada uno y podemos lamentar la extinción de una especia como si fuera una mutilación”...

Y nos exhorta en seguida: “No dejemos que a nuestro paso queden signos de destrucción y de muerte que afecten nuestra vida y las de la futuras generaciones“ (E.G. 215).

Hoy en día ¿a qué nos llevaría esta exhortación papal a nosotros? En las planeaciones de las diferentes diócesis encontramos variedad de retos y desafíos de tipo ecoambiental. En la de Bogotá, en el Plan E, por ejemplo, aparece el desafío ecológico. Este incluiría no sólo el reconocer a Dios como el Creador y el saber contemplar y orar con la naturaleza, sino el defender a la persona humana y a la población de la contaminación.

Nuestro reto actual es luchar contra el peligro de la contaminación, en todo el país, por la peligrosa y ambigua locomotora minera, que es no sólo un ataque a la naturaleza y a los ecosistemas, sino a la salud humana, que tanto sufre, por ejemplo con la extracción del oro, que implica la contaminación de las aguas con el mercurio, el cianuro y otros minerales empleados para extraerlo.