Descargue la Homilía en formato .PDF

↓ Descargar

Aporte Ecológico a la Homilía del domingo

  •   Domingo Febrero 23 de 2014
  •   Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  •    Alejandro Londoño Posada, S.J.

En la primera lectura aparece una exhortación de Moisés que tendría muchas aplicaciones en nuestro caso del cuidado de la Naturaleza: “No odiarás en tu corazón a tu hermano. Reprende sin vacilación a tu compatriota, y así no serás responsable de un pecado”. O si se quiere como dice la versión de la Biblia de América de la Casa de la Biblia: “No odiarás a tu hermano, sino que lo corregirás para no hacerte culpable por su causa” (Levítico 19, 17).

La pregunta que nos surge instantáneamente es: ¿Y a mis hermanos, a mis compatriotas, de qué pecados ecológicos he de hacerles tomar conciencia? Sin duda, de la destrucción de los ecosistemas para obtener ganancias inmediatas.

Un caso concreto fue y sigue siendo el de el café caturra. Para obtener mayores ganancias se acudió a sembrar esta especie, a tumbar todos esos inmensos árboles de guamo que protegían la tierra aminorando la caída de las gotas en los aguaceros y abonándola con una gran cantidad de hojas. Además, emplear más abonos. El resultado actual: la tierra está quedando perjudicada, pobre, herida, árida y destrozada... todo por una ambición, consciente o inconsciente, por la avaricia del dinero.

Hoy se está tomado conciencia nada menos que de los mismos LOS DIEZMOS, que como veremos estaban bien relacionados con la Naturaleza en la Biblia.

El mismo texto del Levítico citada líneas arriba, nos invita a ser generoso en una forma distinta a como se está exigiendo, al menos de parte de algunas iglesias, el pago de los diezmos, obligando a hacerlo a los pobres, a los que tienen obligaciones con su familia que está aguantando hambre. Miren, lean si no es cierto lo anterior.

En aquel tiempo, era del campo de donde los israelitas debían pagar los diezmos, la décima parte de la cosecha para llevarla al templo y que sirviera para el alimento de los sacerdotes, levitas y de los pobres. Ese precepto era para quienes tuvieran tierra abundante y no para los pobres.

La forma era humana, tan humana como se describe la forma de recoger las cosechas: “Cuando hagas cosechas de tus tierras, no cosecharás hasta la misma orilla del campo. No recogerás las espigas caídas. No regresarás para cortar los racimos que queden en tu viña, ni cogerás los frutos de tu huerto, sino que los dejarás para el pobre y el extranjero” (Lev. 19,9-10).

Es decir, nada de forzar a las personas a pagar de lo que necesitan para vivir ellos y sus familias, los más pobres, los que están marginados, los que están al margen del camino. Ni mucho menos a hacerlo, acumulando riquezas para los pastores, que como se está poniendo al descubierto, las están mandando al extranjero. Y no ciertamente a un extranjero como aquel que pasaba por aquellos campos y no tenía que comer, sino al Extranjero, a los “Miamis”.

El evangelio también nos habla de la generosidad en todo sentido, comenzando por el perdón de las ofensas, del trato cariñoso no sólo con los hermanos, sino con los paganos. Del tomar como prójimo no tanto al que está a mi lado, sino como lo enseña la parábola del Buen Samaritano, de aquel al cual yo me hago próximo, cercano.