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Aporte Ecológico a la Homilía del domingo

  •   Domingo Marzo 02 de 2014
  •   Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  •    Alejandro Londoño Posada, S.J.

Para las personas que toman la palabra Ecología en el sentido pleno de la palabra, hay ciertos hechos hoy en Colombia que no las dejan dormir tranquilas. Son varios. Pero reduzcámoslos a la Minería. Este sólo basta para quitar el sueño.

En el número 106 de Promotio Iustitiae aparece un documento titulado Sanar en un Mundo Herido. Tomamos algunos datos sobre África, que hoy nos puede servir de espejo sobre lo que nos espera si no abrimos los ojos.

“Para la mayor parte de África, la agricultura es la principal actividad económica y ofrece sustento y empleo hasta un 70% de la población. Particularmente en África central y meridional, las industrias extractoras – dirigidas por empresas multinacionales – están más interesadas en los minerales que en bienestar de la gente o el medio ambiente. Comunidades enteras son desplazadas con frecuencia a fin de despejar el camino a las industrias mineras, deteriorando de modo permanente los vínculos culturales y espirituales de las personas con la tierra de sus antepasados, a cambio de una compensación insuficiente por la destrucción de sus medios de vida.” (pag. 20).

Parece escrito para Colombia. La minería, tal como se está viviendo y proyectando, nos está dañando el medio ambiente y como en África también está deteriorando los vínculos culturales y espirituales de numerosas comunidades del país. Basta pensar en lo que sucede en el Amazonas con el parque nacional Yaigoje-Apaporis, hasta donde debieron ir 3 magistrados de la Corte Suprema para cerciorarse del engaño a la comunidad indígena; en Tolima con problemas como los de causados por La Colosa; en Boyacá con la amenaza al páramos de Pisba, en donde ha tenido que intervenir hasta Greenpeace, en el Chocó con la destrucción de los ecosistemas por la minería ilegal, sobre todo de la promovida por los grupos armados.

Pero por otra parte, el Evangelio de hoy es una invitación a dormir tranquilos. Leamos si no, ciertas frases entresacadas de él: “No se inquieten pensando qué van a comer o a beber para subsistir” (Mt. 6, 25)... “Fíjense en las aves del cielo: ni siembran, ni cosechan, ni guardan en granero, y sin embargo el Padres las alimenta” (Mt 6, 26)... “Y por el vestido, por qué se inquietan? Fíjense cómo crecen los lirios del campo, no se fatigan ni tejen, y sin embargo, les digo que ni Salomón en todo su esplendor se vistió como uno de ellos” (Mt. 6, 28).

¿No son dos polos totalmente distintos? Veamos despacio estas comparaciones del Evangelio de hoy domingo. Tratándose de las aves y de los lirios las cosas son así, como las describe Jesús con gran sentido estético y religioso, con gran espíritu de observación de la naturaleza.

Para aplicarlas a los hombres falta otra frase del mismo evangelio: “Busquen primero el Reino de Dios y su justicia y todo lo demás les vendrá por añadidura” (Mt. 6, 33). Si la tomamos en serio: ¿podríamos hablar de que en nuestro país estamos buscando el Reino de Dios? ¿O estaremos buscando el Reino del Dinero?

Dos párrafos de la Exhortación del Papa Francisco Evangelii Gaudium nos dan la respuesta sobre lo que está sucediendo: “...hoy tenemos que decir no a una economía de la exclusión y la inequidad. Esa economía mata” (n. 53). Y hablando de la teoría del “derrame” (esperemos que se llene el vaso de unos cuantos, para que luego se derrame sobre el pueblo pobre), el Papa nos invita a no ser ingenuos y a no poner “una confianza burda en la bondad de quienes detentan el poder económico y en los mecanismos sacralizados del sistema económico imperante” (n.54).

¿Acaso esa economía, esas empresas transnacionales, esos empresarios están buscando el Reino de Dios o más bien una globalización de la indiferencia (n.54)? En este pecado social, unos pecan por apoyarlo. Otros más bien por omisión y por aceptarlo tan pasivamente.

Por fortuna, Isaías nos recuerda que Dios no nos olvida: “¿Acaso olvida una madre a su niño de pecho y deja de querer al hijo de sus entrañas? Pues aunque ella se olvide, yo no te olvidaré” (Is. 49, 15). El reto para nosotros los que escuchamos este evangelio es doble: No olvidar a los hermanos que padecen las consecuencias de este pecado social, ni olvidar al Señor y luchar por implantar en nosotros y en nuestra sociedad el Reinado de Dios.