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Aporte Ecológico a la Homilía del domingo

  •   Domingo Marzo 09 de 2014
  •   Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  •    Alejandro Londoño Posada, S.J.

El Génesis, libro de los Orígenes nos presenta en el capítulo segundo una versión muy diferente, pero complementaria a la del primero. En este aparece un poema muy completo con 7 “días” (estrofas), en donde un autor sacerdotal enmarca toda la obra creadora.

El capítulo 2, escrito muchos años antes por un autor yavista, no narra ya la creación del mundo, sino del hombre, pero encuadrado en su espacio vital. Aparecen allí temas vitales: el origen de la existencia humana, el regalo de la creación, el pecado, la dualidad y atracción de los sexos, el trabajo, el dolor y la muerte.

La lectura del Génesis hoy es muy ecológica. Aparece la tierra de donde brotan “toda clases de árboles con frutos de aspecto atrayente y buenos para comer” (Gen 2,,9). Y luego el árbol de la Vida y el del Conocimiento del Bien y del Mal.

Cuando visito el Jardín Botánico, a la salida pregunto a la gente si han visto el árbol del Bien y del Mal. La mayoría de las veces contestan que no o con un chiste: vimos acacias, siete cueros, cedros, robles, pero ese arbolito no lo han sembrado todavía allí. Y entonces les pregunto si al entrar no vieron al portero, y más adelante a otras personas. ¿Acaso eran seres que no tenían conciencia? ¿Eran personas que no sabían distinguir entre el bien y del mal? Y Uds. mismos y yo ¿no tenemos ese árbol en nuestro corazón?

Ciertamente en Ecología sí que nos hace falta ese arbolito de la conciencia. Con razón nos advierte el Papa Francisco: “El afán de poder y de tener no conoce límites. En este sistema que tiende a fagocitarlo todo en orden a acrecentar beneficios, cualquier cosa que sea frágil, como el medio ambiente, queda indefensa ante los intereses del mercado divinizado.” (Evangelii Gaudium, n. 56)

Vengamos al Edén. ¿No conocemos verdaderos edenes en nuestros países? Irene Larraz, redactora de periódico El Tiempo publicó una bella página titulada El Paraíso de los Caminantes, refiriéndose a los senderos ecológicos de los Cerros Orientales de Bogotá. En él invita a recorrer los siguientes paraisos: Cantera de Soratama, El Cedro, La Aguadora, Piedras Moyas, Quebradas La Vieja y las Delicias, Río arzobispo, Parque Nacional, Río San Francisco, Reservas Matarredonda y El Delirio, Quebrada Bolonia y Parque Entrenubes.

Frente a estos retos y estas invitaciones para admirar y conservar el medio ambiente, nuestro peligro es semejante al que nos describe el Evangelio de hoy. Es el dejarnos llevar por las Tentaciones. Jesús sintió hambre y debió responder al tentador: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. Sintió luego las tentaciones de la vanidad, cuando se le proponía arrojarse del lugar más encumbrado del templo para que los ángeles lo recibieran o subir a el monte más alto, dese donde se divisaban todos los reinos del mundo, que serían para Él, si postrado adorara al Tentador.

Hoy también se nos presentan las tentaciones de los nuevos ídolos: “Hemos creado nuevos ídolos. La adoración del antiguo becerro de oro (cfr. Éxodo 32, 1-35), ha encontrado una versión nueva y despiadada en el fetichismo del dinero y en la dictadura de la economía sin un rostro y sin un objetivo verdaderamente humano” (Evangelii Gaudium, n.55).

Pidámosle al Señor dos cosas: que nos enseñe a contemplar y valorar la creación y a superar las tentaciones de destruirla para adorar el dinero, como lo están haciendo la megaempresas mineras y petroleras.