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Pistas para la Homilía

  •   Domingo Marzo 09 de 2014
  •   Pistas para la Homilía del Domingo
  •    Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.

La tentación de querer ser como Dios

Lecturas:

  • Génesis 2, 7-9; 3, 1-7
  • Carta de sa nPablo a los Romanos 5,12-19
  • Mateo 4,1-11

Hemos entrado en el tiempo litúrgico de la Cuaresma, que se llama así porque, durante cuarenta días, nos prepararemos para conmemorar la pasión, muerte y resurrección del Señor. Es tiempo para revisar nuestro estilo de vida y así identificar lo que está funcionando mal en nuestra relación con Dios, con nuestra familia y en la vida como ciudadanos. Este proceso de reconocimiento y cambio se llama conversión en el vocabulario propio de la Biblia.

En las lecturas de hoy, el tema de la tentación es el punto central:

  • El libro del Génesis se refiere a la experiencia de Adán y Eva en el paraíso, que sucumbieron a la propuesta que les hizo la serpiente.
  • En su Carta a los Romanos, Pablo nos cuenta cómo Cristo logró corregir el daño causado por una decisión equivocada de la libertad: “Si por culpa de aquel que era uno solo, la muerte inauguró su reino, mucho más los que reciben a raudales el don gratuito de la amnistía vivirán y reinarán gracias a uno solo, Jesucristo”.
  • En el evangelio,Cristo es tentado en el desierto, antes de iniciar su vida apostólica.

Nuestra meditación dominical estará centrada sobre el tema de la tentación, siguiendo las pistas que nos ofrece el libro del Génesis, No es fácil hablar de este tema, ya que la palabra tentación ha perdido su connotación teológica para convertirse en algo superficial e intrascendente; por ejemplo, las personas que están siguiendo una dieta particular, hablan de tentación cuando tienen ante sus ojos un suculento postre que tiene cientos de calorías...; la palabra tentación sería el nombre adecuado para una loción cautivadora o para un auto deportivo que provoca la envidia de los que lo ven.

Vayamos al texto del Génesis, que utiliza un lenguaje que impacta los sentidos. Con imágenes sencillas y muy expresivas, nos comunica el plan de Dios, quien es presentado como un alfarero que amorosamente modela al ser humano. ¿Qué nos dice esta imagen de Dios-alfarero? Los seres humanos no somos productos en serie dentro de una cadena industrial; cada uno de nosotros es único e irrepetible, y hemos sido creador por amor.

Según el texto, Dios “sopló en su nariz un aliento de vida, y el hombre se convirtió en ser vivo”. A través de estas imágenes que pueden parecer un poco anticuadas para los gustos del siglo XXI, se nos dice que participamos de la vida de Dios, quien nos ha comunicado su aliento para que caminemos en pos de la verdad y el amor.

El estilo literario de este relato del Génesis nos cautiva por su sencillez y colorido. Después de describir la acción creadora de Dios a través de la imagen del alfarero, nos ofrece una impactante escenografía del paraíso, en el que hay una enorme variedad de plantas y animales. ¿Qué nos comunica la Biblia con esta descripción? A nosotros, que somos imágenes y semejanzas de Dios, se nos dan en usufructo estas maravillas de la creación para que las usemos responsablemente.

Ahora bien, como administradores, debemos respetar unas reglas de juego mínimas fijadas por Dios, que es el dueño de todo. Los seres humanos pueden disfrutar de todos los recursos que están a su alrededor; sólo hay una excepción: “De cualquier árbol del jardín puedes comer, pero del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás, porque el día en que comas de él, morirás sin remedio”. A través de este lenguaje del fruto prohibido, la Biblia nos hace conscientes de una realidad que muchas veces pasa desapercibida: en la vida hay unos límites que deben ser respetados; estos límites existen en las relaciones familiares, en la convivencia con los vecinos, etc. No podemos reivindicar una libertad absoluta. Hay unas fronteras que no podemos traspasar.

Este mensaje de la Biblia sobre la prohibición de comer un fruto particular en un entorno en el que hay todo tipo de productos de la naturaleza, contiene un mensaje muy importante: en los procesos educativos, los niños y los jóvenes necesitan claridad por parte de los adultos, de manera que aprendan a distinguir las fronteras entre la autonomía personal y la comunidad, y se sepan equilibrar los derechos y los deberes. En el relato bíblico, el fruto prohibido no es un capricho, sino la afirmación de un importante principio pedagógico que define límites.

Después de esta colorida descripción del escenario y de los personajes, el relato bíblico incursiona en la subjetividad de éstos. Los seres humanos nunca estamos satisfechos con lo que tenemos, sino que siempre ambicionamos tener más. Esta dinámica del espíritu humano es ambivalente: por una parte, es un motor para la superación continua, lo cual es muy positivo; pero también puede empujarnos por caminos peligrosos, como sucede en este texto que estamos analizando. En su interior, Eva se debate entre la fidelidad a los mandatos de Dios y el atractivo del fruto prohibido. Esta lucha interna hace parte de nuestra condición humana.

Adán y Eva gozaban de unas condiciones envidiables pues lo tenían todo; sin embargo la ambición arruinó este sueño, pues quisieron ser como Dios; en palabras de la serpiente, “ustedes serán como Dios en el conocimiento del bien y el mal”. Estas palabras del libro del Génesis, pronunciadas hace miles de años, expresan una realidad que es fuente de muchos de nuestros problemas: los seres humanos desconocemos los límites y queremos imponer nuestros caprichos a cualquier precio. La pretensión insensata de querer ser como Dios ha conducido a los caudillos políticos y militares a iniciar guerras, a pretender avasallar a pueblos enteros; también hay científicos que quieren ser como Dios y así hacen unos experimentos violatorios de los principios básicos de la ética. Este relato de la tentación nos abre los ojos a la tentación de poder, que se expresa en todos los contextos: desde la familia, pasando por la Iglesia hasta las estructuras sociales y políticas.