Tengamos apertura mental y de corazón

Abrir, soltar, dejar de jugar a ser Dios y tener apertura mental y de corazón para pasar de la fe a las obras, para dar y recibir, para aceptar nuevos paradigmas, nuevos retos y desafíos.


Abrir nuestra mente para crear, para innovar, para repensar nuestro diario quehacer, nuestra cotidianidad. Esa es la invitación para continuar en esta bitácora espiritual que nos ha llevado a descubrir acciones alianzas, sinergias y cosas que no sabíamos que éramos capaces de hacer.

Cada día debemos levantarnos con un nuevo reto, con un nuevo sueño, quien no sueña no avanza y convierte su vida en algo monótono y simple.

¿Dónde están nuestro sueños y nuestras realidades?, ¿cómo podemos transformarlas y saltar las barreras, los obstáculos? ¿Cómo nos estamos preparando para ser más incluyentes, para hacer visibles a esos invisibles que carecen de oportunidades?

Son tal vez muchas preguntas si tenemos la mente estrecha, con paradigmas rígidos y excluyentes donde no hay cabida para el otro, para el que es diferente a mí pero que trabaja conmigo o habita esta ciudad también a su manera, como puede.

Si pensamos desde el amor y abrimos nuestro corazón, habrá lugar para escuchar nuevas maneras de pensar, nuevas ideas, nuevas propuestas y podremos encontrar que tal vez la manera de hacer las cosas del otro también son válidas y también funcionan.

Y si abrimos nuestra mente, tendremos la capacidad de aprender y desaprender para crecer en conocimientos, en ideas, nos podremos complementar mejor uniendo los aprendizajes y procesos de cada uno.

La diversidad enriquece, regala otras miradas, nos hace humildes y eso nos hace crecer.

Pensemos en seres humanos maravillosos que abrieron su mente y su corazón y se acercaron al otro, al diferente, al excluido, al enfermo, al pobre, al mendigo, al adicto, y le dieron el total reconocimiento de ser humano, igual, amado, con oportunidades y esperanza. Son esos seres los que transforman una sociedad con su ejemplo, con su inspiración, con sus palabras.

Son esos seres los que no dejan heridas, son los que dejan huellas que seguir.