SJR COLOMBIA: Historias que Tejen Sueños

Nací en Barrancabermeja hace 20 años, en la época de los noventa, una época donde la violencia estaba en todas partes, un tiempo muy difícil para mi familia. Soy hijo único, en una familia humilde y trabajadora. Cuando tenía 5 años nos fuimos a Bogotá con miedo porque secuestraron a un familiar, duramos 3 años en la capital.


Cuando volvimos a Barranca llegamos a la comuna 7, al barrio Minas del Paraíso, la violencia seguía, uno veía hombres armados que se dedicaban a “cuidar” el barrio y llegaban a las casas a ordenarle a la gente que debía asistir a las reuniones que ellos organizaran. Por esa época mi mamá trabajaba haciéndole aseo a una casa de familia, y no importaba si ella tenía que trabajar, era obligatorio ir a esas reuniones o si no la mataban. Mi papá siempre estuvo en la casa porque él es sastre y tiene su taller ahí mismo. 

Siempre me gustó el arte, bailar y desde que tenía 12 o 13 años eso se volvió algo importante en mi vida. Cuando salí del colegio me preguntaba qué podría estudiar, quién iba a ser, qué tipo de profesional, ahora no, ahora me doy cuenta que yo no quiero ser doctor, ni ingeniero, quiero ser artista y vivir del arte y por el arte.

Unirme o más bien ser de los jóvenes fundadores de Jóvenes Constructores de Paz, me permitió reconocer mis talentos, trabajar para otros, preocuparme más por la sociedad en la que vivo. Llegué al grupo por medio del colegio, para ese momento había muchos grupos de jóvenes que se presentaban en el colegio y poco a poco nos fuimos reuniendo todos en la oficina del SJR unos se lo tomaron enserio como yo, otros simplemente lo veían como un espacio para pasar el tiempo.

Los jóvenes siempre hemos estado en la mitad del conflicto, nos afecta mucho, la drogadicción es algo que afecta a los jóvenes del mundo, es un problema gigantesco. Con las drogas viene la necesidad de delinquir, de volverse un delincuente sólo por llegar a ellas. No entiendo por qué en las películas muestran que los que venden drogas son personas adultas, mayores, la realidad es que son los pelados quienes venden, son los pelados quienes roban.

Todo lo que pasa con los pelados hoy en día es porque no tienen guías, no tienen compañía, siempre están solos porque la mamá y el papá trabajan, no hay una ayuda para que un niño o un joven construya su vida y termina buscando eso que no tiene en otras personas.

Cuando llegué al SJR encontré esa guía, mis padres también me la daban, pero conocer a otras personas de otros lugares, recibir sus consejos me permitió formarme, aclaré muchos aspectos de mi vida. Como que uno presta mucha atención a lo que otros tienen por decir y eso marca la diferencia. El grupo de Jóvenes Constructores de paz me ayudo a construirme a mí. Ya no pertenezco al grupo, porque crecí y tengo otras necesidades, pero le sigo apostando a construir mí vida desde el arte, con un grupo de baile de Break Dance; a tener una filosofía de vida distinta, a mí lo que me gusta es bailar y quiero vivir haciendo lo que me gusta.