Los políticos no tienen la culpa

Dos días más y ya llegan las elecciones. Unas elecciones que nos tocan muy de cerca, porque en ellas se escogerán las personas que van a dirigir los destinos de este municipio grande o chico en que vivimos y de este departamento de Nariño para el que queremos lo mejor.


Cuando las cosas no andan bien en el municipio o en el departamento, solemos echarles la culpa a los políticos. Cometemos una gran injusticia cuando hacemos recaer toda la culpa sobre ellos. Los políticos se presentaron como candidatos e hicieron campaña, pero ellos solos no se eligieron. Nosotros, los ciudadanos, los encaramamos a sus puestos de gobierno con nuestros votos ¡Echémonos, por consiguiente, una buena parte de la culpa a nosotros mismos!

¿Conocen ustedes el viejo cuento de la tortuga en el poste?

Un experimentado anciano conversaba con un muchacho en la plaza de uno de nuestros pueblos nariñenses. Estaban sentados en un banco, al pie de un poste de la luz. Y charlaban de lo que se conversa en estos días: de política, naturalmente. ¿Sabe usted, le dijo el anciano al muchacho, que los políticos son como una tortuga en un poste?

No entiendo la comparación, dijo el muchacho. ¿Por qué?

Muy sencillo, explicó el señor. Si ves una tortuga, allá arriba en la punta de un poste, haciendo equilibrio, ¿qué se te ocurre? Viendo la cara de incomprensión del muchacho, el anciano continuó con su explicación:

- Primero: no entenderás cómo llegó allá la tortuga.
- Segundo: no podrás creer que está allí.
- Tercero: te darás cuenta de que no pudo subir solita. Alguien la encaramó.
- Cuarto: Estarás seguro de que no debería estar allí. Ese no es su sitio.
- Quinto: serás consciente de que no va a hacer nada útil, mientras esté allá arriba.

Entonces, continuó diciendo el buen anciano, lo único sensato sería ayudarla a bajar. ¿Entiendes ahora, muchacho, por qué los políticos son como una tortuga encaramada en la punta de un poste de la luz?

Mi conclusión es muy sencilla: que en las elecciones del domingo próximo lo hagamos mejor que en las anteriores, y tratemos de que ningún animal se suba al poste.

El experimentado anciano de nuestro cuento se refiere naturalmente a aquellos candidatos que, además de ser ineptos, buscan un puesto sólo para beneficiarse ellos mismos y aprovecharse de los dineros públicos. Pero, en el mundo de la política no todo son manzanas podridas. Hay también numerosos hombres y mujeres dotados de grandes cualidades que generosamente las quieren poner al servicio del bien común. Hay políticos desinteresados, honestos, dispuestos a no dejarse desviar ni por el soborno ni por las amenazas. Hombres y mujeres como éstos son los que merecen nuestro voto. Ciertamente éstos no se encuentran entre los que ofrecen regalos y puestos a cambio de votos.