SJR Colombia: Historias que tejen sueños

Me acuerdo cuando era adolescente y estaba en la escuela, me gustaba mucho ir, aprender y divertirme. Recuerdo que tenía cuatro cuadernos para todas las materias que veía, pues mi abuela que me crió, a quien yo llamaba mamá, creía que era poco necesario comprarme cuadernos para cada materia, pues la verdad ella era un poco terca y yo creo que pensaba que eran solo ganas de molestar, pero esto sí afectó mi estudio, pues tenía los apuntes de todas las materias en desorden y cuando se iba acabando el espacio, no pude seguir anotando en mis cuadernos, para luego poder en mi casa estudiar para los exámenes.  


A causa de esto perdí muchas materias y no pude pasar al siguiente curso. Así que me sacaron del colegio y nunca más volví, me quedé en la casa, ayudando en el hogar, salía al monte con machete, también pescando, piangüando y otras cosas más que aprendí hacer. Con todos estos aprendizajes que me inculcaron, he salido adelante con mi familia. Yo vivía con ellos en el corregimiento de Bazán, en el Charco Nariño; me vine de ese lugar a causa de la violencia, había mucho conflicto armado y eran muy seguidos los enfrentamientos entre ellos, y nosotros en la mitad, aguantándonos y resistiendo, por no dejar nuestro hogar.

Hasta que un día el miedo y la intranquilidad nos llevó a decidir que era momento de partir, si… de dejar el lugar que con tanto esfuerzo había construido, del lugar donde me habían criado, un lugar lleno de significado para mí y mi familia. Así más o menos a finales del 2012 nos vinimos a Buenaventura. Llegamos buscando posibilidades y esperanza de que en este lugar todo iba a ser diferente, luchando cada día para mantenernos juntos. Pero… no ha sido así, pues a causa de la violencia, me he quedado sin la presencia física de unos hijos míos en este mundo… es como si sintieras que algo muy dentro de ti se desvaneciera, sientes que no tienes fuerzas para seguir luchando por las demás personas que hacen parte importante para ti en tu vida, sintiendo un dolor en el pecho, el cual no deseo que nadie en este país sienta.

Pero sé que muchos padres y madres en Buenaventura han tenido que pasar por lo mismo; uno en esta vida, saca fuerzas y esperanza de donde no la hay. Sigo aquí, sentada contando esto, porque existen mis nietos, por los cuales lucho día a día, para que puedan salir adelante y encontrar un mundo de posibilidades, sin tanta lucha como fue la mía. Solo hablar de ellos y estar con ellos, me hace sonreír al despertarme y saber que sigo en este mundo; por ellos yo Nicolasa, sigo de pie pisando fuerte en este mundo, con perseverancia y paciencia, con una alegría y picardía escondida detrás de mi rostro que refleja timidez, también muestra lucha, persistencia y fortaleza, para seguir afrontando este mundo en su transcurrir.