“Ver las personas… oír lo que dicen… mirar lo que hacen…”

Ya hace casi dos meses que llegué a la Congregación Mariana… pasa el tiempo. La verdad es que desde que el provincial me anunció mi traslado me he sentido muy contento, con mucha paz interior y confiado en que si Dios ha venido trabajando, así continuará. Esta es la base de la esperanza.


La actitud fundamental con la que he llegado ha sido la aprendida en muchos Ejercicios Espirituales ignacianos. En ellos nos enseña Ignacio que la contemplación se hace viendo las personas, oyendo lo que dicen y mirando lo que hacen, para que esta realidad que vemos, oímos y miramos se refleje en nosotros, nos mueva desde dentro y podamos encontrar poco a poco, lo que Dios está haciendo con nosotros, es decir, podamos hallar su voluntad en acción continua en nuestra vida.

Escribo esta reflexión a un mes de mi llegada. He tenido ya contacto con muchas personas, no con todas, pues esta organización es grande, variada y esparcida por todo el valle de Aburrá. Lo primero que he visto es personas felices, amables y acogedoras las unas con las otras. He podido oír sus voces que manifiestan un gusto especial por estar trabajando cada una en su lugar dentro de la Organización.

He mirado lo que hacen, comprometidas con el granito de arena que están aportando, convencidas de que no son un grano aislado sino una gran cantera que en su conjunto está aportando para la construcción de una sociedad justa y equitativa, capaz de acoger al otro, sea el que sea, dispuesta a ser incluyente, a propiciar condiciones aptas para el perdón y la reconciliación, mostrando con sus vidas que sí es posible ser una persona como Dios quiere.

Al dejar reflejar esta hermosa realidad en mí, experimento una gran alegría, una consolación profunda al ver en el presente un pedazo de Colombia como la queremos. Y esto es un trabajo incesante de Dios en nosotros, con nosotros, desde nosotros y a través de nosotros. Es Dios mismo quien construye esa nueva sociedad que se puede pregustar en el ambiente pacífico, constructivo, comprometido y acogedor en el que ahora me encuentro.

Estos meses iniciales han sido, por ello, una contemplación de Dios encarnado en cada persona de la Organización, mirando, sintiendo, decidiendo y actuando en la misma dirección del amor de Dios, en cuanto es posible, pues somos necesariamente limitados. Ha sido, pues, una honda experiencia de Dios que me ha dado una gran alegría. Dios viene trabajando en todas estas obras y seguirá haciéndolo a través de cada uno de los que estamos comprometidos en esta misión, que es de Dios y su Hijo Jesucristo por medio del Espíritu Santo que habita en nosotros y que los hace presente.

Por eso, todos somos colaboradores de Dios en la Misión de Cristo. Todos laboramos con cada uno de nuestros compañeros en este empeño que tiene la Organización VID movida desde dentro por la Congregación Mariana.

Doy gracias a todos ustedes por la acogida que me han dado, por lo bien que me han recibido y por la forma como ustedes trabajan y se relacionan entre ustedes mismos. Es así como construimos un nuevo país en paz: siendo fermento en la masa de la sociedad, fascinando a los demás con la forma como somos y trabajamos.