Historias que Tejen Sueños: Campo Elías “Yo quiero un futuro en el campo”

A sus cincuenta y cinco años, siendo padre de dos hijos, el señor Campo Elías vive con Elvia, su esposa. Puerto Boyacá fue el lugar donde nació, pero la necesidad de encontrar un lugar que le brindara mejores oportunidades lo llevó hasta San Pablo, Bolívar. Actualmente vive allí, en el corregimiento de Cerro Azul, donde es presidente de la Junta de Acción Comunal.


Él constantemente está buscando soluciones a todas las necesidades de su comunidad, pues cree que si el Estado invirtiera más en el campo, las futuras generaciones permanecerían en zona rural y estarían orgullosas de llamarse campesinas.

Mi nombre es Campo Elías García y, hace dieciséis años, vivo en San Pablo. Llegué con mi esposa Elvia y mis dos hijos al corregimiento de Cerro Azul y hoy en día tenemos una finquita con cacao, yuca, plátano, pasto y otros cultivos. Esto lo hemos conseguido con mucho esfuerzo, tuvimos que vender una casa que teníamos en Barrancabermeja y un lote en Cimitarra, Santander.

A mí, mis papás pudieron darme educación solo hasta que tuve catorce años y yo a esa edad pensaba en todo menos en estudiar, por eso trabajé desde niño en todo lo que la ciudad me ofreciera y nunca terminé mis estudios. Pero llega un momento en que uno se empieza a hacer viejo y las empresas ya no lo quieren contratar, entonces si uno quiere seguir vivo tiene que pensar qué hacer. Fue así cómo llegué acá, porque siempre me ha gustado la agricultura, entonces ¿por qué no vivir del campo?

Había gente que me decía que no me fuera al sur de Bolívar porque iba a terminar cultivando coca y viviendo en guerra, pero así tocó. Yo no tengo cultivo de coca porque no quiero vivir pensando que en cualquier momento el gobierno mande las fumigaciones o erradicaciones y me dañen todo. Igual ya me han dañado algunos cultivos legales. Yo siempre he pensado que la coca no es la mala, la gente la cultiva porque le toca. En una región como estas donde no hay educación, salud, proyectos productivos, nada, la gente tiene que ver cómo hace para no dejarse morir.

A mi cultivo de cacao yo le dedico mucho esfuerzo. Fue un apoyo que el SJR dio hace como dos o tres años a algunas familias. Teníamos la opción de elegir varios proyectos productivos como cítricos, aguacate, avicultura, piscicultura. La gente no sabía si el cacao era una buena opción porque ese cultivo se demora dos años en producir, darle vida es muy difícil. Entonces son dos años en los que uno le invierte sin recibir ingresos. Son dos años que uno tiene que trabajarle fuerte a otros cultivos para recibir algo de dinero. Yo me arriesgué y lo sembré, aprendí a cultivarlo por medio de la asistencia técnica que me prestaron y, a pesar de que ha sido muy duro, mi cacao ya está empezando a producir.

La gente necesita los proyectos productivos para poder tener una buena vida. Yo quiero mucho a mi comunidad, por eso soy el presidente de la Junta de Acción Comunal. A veces es difícil lidiar con la gente, pero yo trabajo por el bienestar de ellos. Con el SJR también hemos recibido información sobre cómo manejar una junta, cuáles son los reglamentos y sobre nuestros derechos como ciudadanos.

Como le digo, la cosa es difícil pero ahí estamos buscando qué hacer. Yo quiero dejar algo bien bueno en la comunidad para ver si este país cambia en algo. Hasta el día de hoy, los niños de acá no tienen una educación de calidad porque desde que empezó eso de la educación contratada las clases empiezan dos o tres meses después. No hay bachillerato entonces los jóvenes se tienen que ir para San Pablo o quedarse a trabajar boleando rula, raspando coca o como no tienen capacitación o educación los inducen fácilmente a que terminen trabajando con los grupos armados.

Yo creo en la paz, pero no creo que sea posible como se está haciendo ahorita. Es necesario que el Gobierno haga la paz desde el campo, que le invierta para que así los jóvenes tengan cosas buenas en las qué trabajar. Para que en un futuro no vaya a pasar que la gente tenga hambre y esté tan cansada que la violencia aumente y se conformen nuevos grupos. Yo le tengo mucho miedo a los grupos armados y ahora la delincuencia aumenta día a día. A veces me da hasta miedo bajar a San Pablo porque qué tal me roben y me quiten lo poco que tengo.

A mí sí que me ha tocado vivir la guerra por mucho tiempo. De acá del corregimiento, la comunidad se ha tenido que desplazar varias veces por bombardeos y combates porque minaron las tierras donde trabajábamos. Una vez en un enfrentamiento entre el ejército y la guerrilla hasta la casa mía llegaban balas que pasaban encima de nosotros, se veían como cocullos [1].

Testimonio recopilado por el equipo regional en Magdalena Medio del SJR Colombia

[1] Insecto parecido a la luciérnaga.