El exjesuita Manuel Ramiro Muñoz fue elegido, por la Revista Semana, como uno de los mejores líderes de Colombia 2016

  •    Diciembre 01 de 2016
  •    Hernando Gálvez, S.J.
  •    Bogotá

Esta distinción nos hace muy felices a los jesuitas colombianos porque “Rami” es unos de los “nuestros”. Se retiró de la Compañía durante la etapa de Teología, en los años 90’.


Ha conservado inquebrantable su motivación de fe y justicia, aprendida en la Compañía. Como parte de su formación en el Noviciado fue enviado a hacer su mes de misión a Toribío, donde compartió con el P. Álvaro Ulcué Chocué, sacerdote indígena, asesinado posteriormente, por ser defensor de los derechos de los indígenas atropellados por los terratenientes.

Ramiro se tomó muy en serio su experiencia de inserción, en su caso entre la población indígena que lo marcó para toda su vida. Después de haberse retirado de la Compañía, continuó su vinculación con ellos e iba a visitarlos periódicamente, luchando por su dignidad, derechos y bienestar. Primero, trabajó en la Universidad San Buenaventura donde colaboró durante 10 años, en diversas responsabilidades de dirección académica. El último cargo fue Vicerrector Académico.

De ahí pasó a la Universidad Javeriana donde fundó el Centro de Estudios Interculturales, hoy Instituto. Desde allí, se ganó la simpatía de los diversos grupos en conflicto: negros, indígenas, cortadores de caña, Instituciones del Estado y empresarios y logró mediar en sus conflictos hasta llevarlos, con éxito, a diversas mesas de negociación de sus conflictos. Hoy, toda esta población reconoce el clima de paz con que siguen conviviendo y trabajando.

Para quienes hemos trabajado en la formación de nuestros jóvenes, casos como el de Manuel Ramiro nos reconcilia con esta labor, cuando viendo tanta deserción de nuestras filas, nos puede venir la tentación de desánimo. Con el paso de los años, he ido cayendo en la cuenta que el tiempo, energías y recursos invertidos en la formación de quienes, posteriormente, han salido de la Compañía, no han sido para nada perdidos o malgastados… Todo lo ejecutado en nuestras casas de formación se ve recompensado por la excelente labor que, en muy diversos campos, realizan en la sociedad colombiana. La formación, en los pilares de la espiritualidad Ignaciana, puede formar desde “muy buenos cristianos” que sirven en el compromiso laical, a la construcción del Reino, hasta seres humanos llamados a la vida consagrada, comprometidos con “oblaciones de mayor estima y momento”. En todos los casos, es un tiempo muy bien invertido y una labor muy satisfactoria.

Felicitaciones a Manuel Ramiro por esta distinción tan merecida.

Para leer el artículo publicado por semana.com haga clic aquí.