Ecos de Pasto cumple 75 años

Mañana, 8 de diciembre y fiesta de la Inmaculada Concepción de María, la emisora Ecos de Pasto estará cumpliendo años. Un doble cumpleaños: 75 años de su fundación y 50 años del día en que el padre Jaime Álvarez la adquirió para ponerla al servicio de la evangelización.


Un año, bodas de papel; cinco años, bodas de madera; diez años, bodas de hierro; veinticinco años, bodas de plata; cincuenta años, bodas de oro; setenta años, bodas de diamante. No sé de qué serán setenta y cinco años, pero sean lo que sean son muchos años de servicio al pueblo nariñense.

A la emisora Ecos de Pasto no la hace grande el simple hecho de cumplir muchos años sino la calidad del servicio que le preste a ustedes, los habitantes de esta privilegiada región del suroccidente colombiano.

Iniciada en 1941 por mentes soñadoras del estilo de don Gerardo Bueno, en momentos en que sólo existía una emisora en la región, la Radio Nariño. Reorganizada luego y potenciada por don Antonio José Meneses. Más tarde, a partir del año 1966, reorientada hacia el servicio de la fe cristiana y la justicia social gracias a la clarividencia y voluntad decidida del padre Jaime Álvarez.

Quiero dejar que el mismo padre Jaime les cuente a ustedes la historia de cómo llegó a comprar la emisora sin tener un solo peso en el bolsillo:

“A los quince días de llegado a Pasto empecé el apostolado radial en la emisora Ecos de Pasto, que entonces pertenecía al Señor Antonio José Meneses.

En 1966 me llegó la noticia de que Don Antonio, por enfermedad y traslado de residencia a Cali, estaba vendiendo la emisora. Una emisora potente, con frecuencia preferencial de 740 kilociclos y que abarcaba el departamento de Nariño, el Putumayo y un poco más. Lo que para mí, o mejor para la Iglesia y la Compañía de Jesús significaba más evangelización y mayor gloria de Dios. Pero costaba mucho dinero, había varios compradores y yo no tenía plata. ¿Ustedes que habrían hecho? Ojalá alguien me interrumpa para decírmelo…

El Señor Meneses daba plazo de tres o cuatro días para entregarle la emisora a quien le cancelara el precio. Yo, como vidente, percibía con toda claridad el bien inmenso que a centenares de miles de personas se les podía hacer cultural, religiosa y moralmente a través de instrumento tan poderoso.

Entonces tuve una corazonada. Hablando más en cristiano, creo que tuve una iluminación del cielo. Hablé con el dueño, convinimos el precio al contado y le dije: Don Antonio, la emisora es mía… ¿Imprudencia, audacia, locura, carisma, milagro?... ¡Qué sé yo!”

Así termina el padre Álvarez su historia. No tenía el dinero necesario, pero lo obtuvo a través de un préstamo en el banco, con el aval de los integrantes de la Congregación Mariana de Caballeros. Y con rifas y limosnas, muchas veces de gente muy pobre, poco a poco fue pagando la deuda bancaria. Sucedió hace 50 años.

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