Discernimientos

‘Al enemigo, puente de plata’, dice el refrán. Y Jesús, más profundamente: “Amen a sus enemigos, hagan el bien a quienes les han hecho mal”. A partir de estas premisas, vale una reflexión sobre los últimos acontecimientos.


El crimen horrendo de Yuliana despedazó a su hogar, rompió la tranquilidad de los barrios pobres vecinos; clavó en el castigo y la vergüenza al victimario Rafael Uribe Noguera y a su familia, y mostró conexiones espantosas en el suicido del desgraciado portero.

La indignación y la exigencia de justicia total han sido constructivas. Como también, la eficacia de la Fiscalía y el documento de la familia Uribe Noguera en el que, desde su tragedia, se compromete con la causa de Yuliana, pide justicia sin ambages y tiende una mano de afecto al hijo criminal. Pero frente a este espíritu constructivo, han sido fuertes los sentimientos de venganza, así como el odio y los rumores que incitan a la agresión. Como si nada quedara de nuestra raíz cristiana, en que Jesús está al lado de la víctima y desde allí se compadece del victimario, protege la justicia y la memoria y depone el odio hasta perdonar lo imperdonable.

El premio Nobel de Paz a Juan Manuel Santos es un reconocimiento mundial al predominio de la ética en el ejercicio de la política para terminar un conflicto de máxima destrucción humana y preocupación para las naciones. Dignifica a las víctimas, a los negociadores y al Presidente. Los países, Naciones Unidas y el Papa lo ven así. Pero la mitad de Colombia dividida, sometida a la ilusión del poder que hace prevalecer lo político sobre lo ético, juzga el premio como una concesión al terrorismo. Y corre el decir, porque en política se dice sin pruebas, de que el premio es a cambio de una concesión petrolera, en una mentira que desprecia a los escandinavos y deja perplejo al mundo. Mientras Jesús sigue invitando a “la verdad que nos hará libres”.

La Corte Constitucional tuvo el coraje y el carácter de hacer un discernimiento ético en la complejidad jurídica creada por el resultado del plebiscito y puso en marcha el proceso de paz. Así lo expresó la presidenta, María Victoria Calle: “El alto tribunal pretende coadyuvar al logro de la paz, fin fundamental para la sociedad”. La decisión que avala el fast track muestra una comprensión del mal extraordinario de la guerra y, uno añadiría, de la incapacidad probada en cincuenta años de parar este mal con los procedimientos jurídicos normales. La Corte pone ‘candados’ al Congreso y al Presidente para dar seguridad jurídica y exige que todas las leyes de la paz lleguen al control de la misma Corte. El mensaje de Jesús da el camino, llama a la libertad cuando está en juego la vida de las mujeres y los hombres: “No se hizo el ser humano para el sábado”, para cuidar leyes inamovibles, “sino el sábado para el ser humano”.

Las Farc van a las veredas a dejar las armas y transformarse en ciudadanos. Allí estarán durante medio año. Enfrentan el reiterado señalamiento político que puede desatar violencias como la de los gaitanistas del Valle, quienes esta semana comunicaron que van a “eliminar a los terroristas que impulsan la paz ilegítima de Santos”. Y encuentran que la incertidumbre sobre el fast track afectó la preparación de los lugares a donde están llegando. Este es el momento en el que la sociedad civil tiene que actuar para acoger a los que vienen del sinsentido de la guerra y han confiado en nosotros para firmar el acuerdo. Los hombres y mujeres de las Farc quieren rescatarse como seres humanos y, si nosotros pretendemos serlo, este es el momento de demostrarlo y de llegar a donde están para ofrecer nuestro apoyo y nuestra solidaridad, en un proceso que debe transformarnos a todos y a todas.