¿Dar limosna en la calle?

  •    Marzo 08 de 2017
  •    Gustavo Jiménez Cadena, S.J.

Muchos afirman taxativamente que no se debe dar limosna a mendigos en la calle. Entre ellos, varios alcaldes de las principales ciudades de Colombia.


Se aducen múltiples razones. Todo lo que reciben los mendigos es para tomar alcohol o gastárselo en droga. Son muchos los que mienten, inventando toda clase de historias tristes. No faltan los haraganes, explotadores de la caridad pública, dueños de casa y otros bienes que eligen el camino fácil de mendigar, en vez de trabajar. La limosna no soluciona nada: fomenta la mendicidad, crea personas dependientes.

Cierto que abundan los explotadores, mentirosos, haraganes y aprovechados. Pero todos no son así: al generalizar se está cometiendo un error garrafal. En una ciudad como Pasto son muchos los verdaderos pobres - ancianos, lisiados, abandonados por la familia, desplazados- a quienes no llegan las ayudas de las entidades oficiales o privadas.

Alguien me hacía notar: hay gente que engaña, manipula y abusa, pero es preferible equivocarse dando ayuda a diez personas que no lo necesitan a dejar sin ayuda a una que sí lo necesita.

Se condena el asistencialismo, como inútil y dañoso. “Unos pocos pesos dados a un pobre -se dice- son pan para hoy y hambre para mañana. Hay que enseñarle al pobre a que se ayude a sí mismo. Si al pobre le regalaste un pescado, le diste de comer para un día; si le enseñaste a pescar le diste de comer para toda la vida”. Esto es verdad, nadie lo duda. Pero hay situaciones de angustia en que una limosna se hace indispensable. A quienes criticaban a la madre Teresa de Calcuta con estos argumentos, ella respondió: “Los pobres con los que trabajo son tan frágiles que no pueden sostener la caña de pescar”.

Hay habitantes de la calle hundidos en el vicio que también necesitan una ayuda. La vida de la calle es terriblemente dura. Algunos buscan aliviar la rudeza de esa vida con el alcohol y la droga. Así fácilmente llegan a convertirse en adictos: el alcohol llega a ser una necesidad para ellos.

Puede escandalizar a algunos que el Papa Francisco llegue a ser tan comprensivo. Él se pregunta: “¿Cómo será esto? Este a quien yo daré dinero, ¿se irá a comprar vino para emborracharse?” Y se responde: “¡Pero si se embriaga, es porque no tiene otro camino! Y tú, ¿qué cosas haces a escondidas, cuando nadie te ve? Tú, ¿eres juez de quien te pide una moneda para un vaso de vino?”

En definitiva, ¿conviene dar o no dar limosna en la calle? No existe un manual con respuestas claras. Hay que considerar cada caso particular para decidir si conviene o no. Pero, resolver siempre lo que nos parezca mejor para la persona.

El hombre de la calle, aunque por su propia culpa se haya empobrecido y degradado, merece siempre profundo respeto. ¡Es un delito de lesa humanidad considerarlo como un “desechable”!

Así se expresa el papa Francisco: “La primera cosa que se hace cuando uno encuentra a un mendigo es saludarlo: ‘buenos días, ¿cómo estás?’ Porque quien vive en la calle entiende inmediatamente cuándo hay un interés real por parte de la otra persona y cuándo no lo hay (…). Se puede ver a una persona sin hogar y mirarlo como a una apersona o como a un perro. Y ellos se dan cuenta de esta forma distinta de mirar (…). Una ayuda siempre es justa. Desde luego, no es bueno lanzar al pobre solo algunas monedas. Es importante el gesto: ayudar a los que piden mirándolos a los ojos y tocando sus manos. Echarles el dinero y no mirarlos a los ojos no es un gesto cristiano”.