El encuentro con el otro

Artículo de opinión de Beatriz Restrepo, miembro del Centro de Fe y Culturas, publicado en el periódico El Mundo, el pasado domingo 19 de marzo del presente año.


Quienes hemos estado comprometidos con el proceso de negociación de cese al fuego, el Acuerdo alcanzado y posterior iniciación de un proceso que conduzca a la construcción de una sociedad más justa y equitativa, que favorezca la construcción de una paz territorial, hemos visto con gran preocupación en el actual momento, al iniciarse el proceso de reinserción de las Farc, dos situaciones que aunque diferentes, tienen mucho en común al punto que están poniendo en riesgo el cumplimiento de este primer paso.

El director del Centro de Fe y Culturas, P. Francisco de Roux, S.J., se ha referido a ellas en dos de sus últimos artículos de prensa cuando habla, primero, de la notoria indiferencia ciudadana-cuando no abierta oposición- frente a la etapa del reagrupamiento en las zonas veredales transitorias, un hecho, en realidad, a todas luces extraordinario, inédito en nuestra historia y evidentemente esperanzador. El segundo, es el escalamiento de los promotores del miedo, que diseminan la desconfianza y el rechazo a todas las acciones que adelanta el gobierno en esta dirección. No se está valorando que los excombatientes marcharon a sus zonas de concentración dispuestos a entregar sus armas y sus uniformes, decididos a recuperar su ciudadanía y confiados en que están iniciando la ruta hacia una vida mejor para ellos y sus hijos y aportando a la construcción de una sociedad más incluyente y de un país más justo y equitativo. Como tampoco estamos advirtiendo el grave riesgo que corre el país, permitiendo que los "emisarios del miedo" utilicen esta herramienta, la más poderosa en la política, pero también la más deshumanizadora, para desestabilizar el gobierno actual, oponiéndose a la vez a la continuidad del proceso.

¿Estamos nosotros preparados para acoger a estos nuevos ciudadanos? ¿Estamos dispuestos a aceptar su cercanía y su presencia en nuestra cotidianidad? ¿Estamos en condiciones de mirar sus rostros, de dejarnos conminar por su llamado a la solidaridad? Me temo que no lo estamos, es preciso reconocerlo. Y ello es muy grave, porque como se ha dicho, lo difícil no fue llegar al acuerdo y alcanzar la aprobación: lo difícil empieza ahora con la reinserción. Es este el momento de la sociedad civil, porque una vez empiece la reinserción, luego de esta etapa de preparación, la responsabilidad sobre el éxito del proceso va a recaer principalmente sobre nosotros: ya no sobre el Estado y las Farc, responsables que fueron del Acuerdo; ya no sobre la clase política responsable de su aprobación; tampoco sobre el Estado y los garantes internacionales, responsables de la veeduría.

Es la hora de la sociedad, así lo han dicho organizaciones sociales que están trabajando en las 4 zonas de agrupamiento del Departamento y que en 3 reuniones ya realizadas en el Centro de Fe y Culturas, han dado cuenta de las enormes dificultades que enfrentan tanto los habitantes de la regiones que fueron ocupadas por las Farc y las que ahora serán escenario de las ocupación transitoria, como los guerrilleros que están enfrentando muchas carencias y aceptando las promesas incumplidas, como la débil institucionalidad local y los mismos voluntarios de organizaciones sociales que se han prestado a apoyar el proceso con diversas acciones. Es la sociedad, hombro a hombro con el Estado, a quien le corresponde que estos nuevos compatriotas puedan encontrar para su reinserción plena, un lugar en el mundo social, político y moral del país del cual han estado marginados por casi 50 años. ¿Cómo hacer para que nosotros frente a sus temores y esperanzas respondamos en solidaridad con acogida y hospitalidad? ¿Es ello posible?

Quiero hacer llegar como aporte, la reflexión sobre la doble responsabilidad que nos cabe en este momento: desestimar a los promotores del miedo y aportar a la inserción de los excombatientes en la vida civil, un texto del intelectual polaco Ryszard Kapúscinski en su conferencia El encuentro con el Otro como reto del s. XXI : "Mi experiencia de convivir con Otros, muy remotos, durante largos años, me ha enseñado que la buena disposición hacia otro ser humano es esa única base que puede hace vibrar en él la cuerda de la humanidad.

¿Quién es ese nuevo Otro? ¿Cómo transcurrirá nuestro encuentro? ¿Qué cosas nos diremos? ¿En qué lenguaje? ¿Sabremos escucharnos? ¿Sabremos entendernos? ¿Sabremos entre los dos, seguir aquello que -en palabras de J. Conrad- habla de nuestra capacidad de alegría y de admiración; de dirigirse al sentimiento de misterio que rodea nuestras vidas, a nuestro sentido de la piedad, de la belleza y del dolor, al sentimiento que nos vincula con toda la creación; y a la convicción sutil, pero invencible, de la solidaridad que une a la soledad de innumerables corazones: a esa solidaridad en los sueños, en el placer, en la tristeza, en los anhelos, en las ilusiones, en la esperanza y el temor; que relaciona a cada hombre con su prójimo y mancomuna toda la humanidad, los muertos con los vivos, y los vivos con aquellos que aún no han de nacer". Esta última línea nos traza la ruta: cuando la reconciliación y la solidaridad nos hayan mancomunado como humanidad, no habrá ya más víctimas sean éstas inocentes o victimarios; solo quedarán nuestros muertos, los de todos en una memoria común, unidos por la insensatez de su muerte a menos que hagamos de ella la bandera del ¡nunca más! y también entonces, mancomunados como humanidad alrededor de nuestra responsabilidad con las futuras generaciones a la que legaremos un mundo mejor del que hemos vivido nosotros.