Campesinos y Quito

  •    Abril 27 de 2017
  •    Francisco de Roux, S.J.

“Pensamos que habían parado las 14 retroexcavadoras”, me dijo el alcalde, “pues cuando el agua aclara es porque dejan de romper la quebrada de Norosí”. Las máquinas criminales se detuvieron y los operadores huyeron. Pero la policía y el ejército no venían por ellos.


Hace 22 años conocí los ríos cristalinos caudalosos, que llaman ‘quebradas’, cargados de peces, en la cordillera de San Lucas; en Semana Santa volví y encontré que centenares de ‘retros’ los habían convertido en lodazales infestados de mercurio.

Las comunidades pidieron al Gobierno que actuara contra ‘los Gaitanistas’, dueños de las máquinas y asesinos de campesinos. Pero el Estado, en agresión pasiva, no hizo nada.
Hace dos semanas llegaron camiones de Policía y Ejército y los pobladores pensaron que llegaban por ‘los Gaitanistas’. Pero venían por los líderes campesinos. No actuaron de manera violenta, pero sí aparatosa, como si esperaran reacción armada. Donde Milena Quiroz, saltaron por un techo a las 3 de la mañana. Se metieron en el cuarto donde ella dormía. La mamá, con el patricio que la acompaña, también se metió en la pieza para prevenir un ‘falso positivo’, “que inventen que le encontraron armas”. Rebujaron todo y se llevaron a Milena a medio vestir. Así, esposaron a 12 líderes en varios pueblos. Dicen que hay órdenes de captura por lo menos de 50. Las comunidades se sienten triplemente agredidas: por ‘los Gaitanistas’, por el Estado y por el Eln, que continúa su guerra.

El contexto es el diálogo entre el Gobierno y el Eln en la confrontación armada, que arrecia de lado y lado. Y para tener la tormenta perfecta, políticos locales, de los grandes partidos que monopolizan al Estado allá, en muchos casos estigmatizan y envidian a los líderes que están realizando los proyectos agroindustriales conseguidos por la Coordinadora Nacional Agraria. Allí, el Estado central, gran ausente y mayúsculo ignorante, va ahora por esos líderes, que en medio de incertidumbres mantuvieron la vida en el territorio, que no se niegan a que los investiguen, pero sí a que los encarcelen para interrogarlos, pues se consideran constructores de lo público y no “peligro púbico por organizar marchas”, como sentencia la fiscal contra Milena.

Los pobladores están conversando una carta para enviar a Quito. Para pedir al Eln y al Gobierno que paren ya las hostilidades de los dos lados. Quieren la vida y el desarrollo humano y participativo en la región, no quieren un día más de guerra del Estado y de guerra del Eln.

Del Estado esperan que se ponga en los zapatos de los campesinos que han vivido en medio de la guerra, que no monte procesos ambiguos sobre opiniones de supuestos reinsertados, que cargan la confusión de la montaña, que detenga a ‘los Gaitanistas’ criminales y que respete a los líderes que tienen hoy la llave de la paz y no son el enemigo. ¿Acaso el Gobierno no los conoce a todos, después de una década de diálogos en mesas formales y públicas con ellos?

Al Eln le piden que tome la iniciativa de la paz. Que se baje del discurso interminable. Le reconocen que un tiempo fue apoyo contra el paramilitarismo, pero hoy esas armas dañan. Le piden que, si están del lado del pueblo, corran el riesgo y el coraje de lanzarse al cese del fuego unilateral, para precipitar el cese del fuego bilateral, y mostrar que quieren la vida en la montaña; y para que, una vez dejadas las armas, se una a las comunidades en la reconstrucción de la región.

Con todo respeto y aprecio a quienes negocian en Quito, cada día que pasa, sin detener las aberraciones antihumanitarias y parar el fuego, es un día que regalan a los que, con miedo y falsas verdades, convierten el valor gratuito de la paz en un mal que hay que derrotar en las elecciones. Y un día más de incertidumbre en las regiones victimizadas.