La simplicidad nos ayuda a ver la igualdad en todos los seres humanos

Comenzamos un mes que nos suscita reflexiones interesantes, por un lado conmemoramos la festividad de Francisco de Asís, un Santo que fue por esencia simple, quien encontró la equidad en toda la obra de la Creación Divina, gracias a su mirada limpia y transparente, sin prejuicios.


También celebramos el Día de la Raza, que nos recuerda aquel 12 de octubre de 1492 cuando Cristóbal Colón descubrió nuestro continente y comenzó una historia de crecimiento o desarrollo, pero, también de explotación, irrespeto y abusos. Por esto muchos países le han dado otros nombres a este evento, como Día de la Hispanidad, en España, o Día del Respeto a la Diversidad Cultural, en Argentina.

Hacia el final del mes está el Día del Ahorro, el cual queremos destacar, no como la capacidad de acaparar para engrandecer un sistema que muchas veces poco beneficia a los más necesitados, sino como el consumo responsable y razonable de los recursos y bienes de toda la humanidad.

Si nos inspiramos en un hombre como Francisco de Asís, que logró la santidad por su sencillez y pobreza, podremos ver que sí es factible vivir de manera simple, si reducimos nuestros gastos y necesidades.

Consideremos el siguiente párrafo tomado de uno de los textos que Francisco escribió a sus compañeros de comunidad:

“Todos los hermanos empéñense en seguir la humildad y pobreza de nuestro Señor Jesucristo y recuerden que ninguna otra cosa del mundo entero debemos tener, sino que, como dice el Apóstol: teniendo alimentos y con qué cubrirnos, estamos contentos con eso (cf. 1 Tim 6,8). Y deben gozarse cuando conviven con personas de baja condición y despreciadas, con pobres y débiles, y enfermos y leprosos y los mendigos de los caminos.”

Con estas palabras Francisco de Asís trazaba el camino de la verdadera riqueza humana para todos: el de la inclusión, el de la simplicidad, el de la equidad y el del amor por el prójimo.

En nuestra Institución estamos trabajando cada día para ser más incluyentes, para dar más oportunidades laborales a todas las personas, sin distinción de región, de raza o religión; esta es una manera de hacer visible nuestro compromiso con la equidad y el respeto por la diversidad. Es una bella manera de ser elementalmente sencillos y positivamente simples. Esa es nuestra “riqueza.”

Desde el nivel más interior y desde su conciencia, quiero invitarlos a pensar en las acciones concretas que estamos haciendo desde nuestra vida, para incluir, acercar y respetar a tantas personas con quienes convivimos y son tan diferentes a nosotros.

La inclusión comienza en nuestro hogar, en nuestro sitio de trabajo, con nuestro vecino, con nuestra comunidad y especialmente con los que a los ojos de la humanidad son diferentes a nosotros, pero a los ojos del amor misericordioso de Dios, son mis hermanos.