Cuando se piensa en una gran frontera en la región Antioquia, se parte de los signos y símbolos relevantes que abrigan condiciones de inequidad y exclusión, evidenciable en el hecho de que existen en el mismo departamento, los municipios más ricos del país en contraste con algunos de los más pobres.

 

Región Antioquia

En Antioquia estamos construyendo Justicia y Equidad


Cuando se piensa en una gran frontera en la región Antioquia, se parte de los signos y símbolos relevantes que abrigan condiciones de inequidad y exclusión, evidenciable en el hecho de que existen en el mismo departamento, los municipios más ricos del país en contraste con algunos de los más pobres. Los ingresos y riquezas se concentran en pequeños sectores de la población, negando las oportunidades a otros sectores sociales y obstaculizando el desarrollo humano integral.

Otro de los signos de dicha inequidad es la violencia. Antioquia es considerado uno de los departamentos más violentos donde se da el accionar de todos los grupos armados ilegales (FARC, ELN, paramilitares, BACRIM, etc); causando el mayor número de víctimas en el país y uno de los cinco departamentos donde se concentra el 45% de las víctimas del conflicto armado en Colombia (UARIV 2013).

Por otra parte, el relacionamiento cotidiano es otra de las causas de la inequidad, pero que, al ser tan común, muchas veces se diluye o se desconoce. Sin embargo, es el más preponderante en los habitantes de la región; se da desde el desconocimiento del bien público, cuyos síntomas son la despreocupación por el bienestar común, el afán por la superioridad, la dificultad para compartir lo recibido, entre otros. Esto al final genera es una gran dificultad para reconocer en los otros su igual dignidad.

Ante este panorama, la preocupación por la equidad en la sociedad antioqueña, se convierte en un propósito asiduo e integrado del proceso de Regionalización Antioquia, en el que hemos asumido como frontera:

“Alcanzar la justicia cristiana que genera esperanza y a la que convocamos a los miembros de la sociedad, mediante una actuación sinérgica, que parta de nuestra experiencia personal y comunitaria de fe, para generar un proceso de transformación de las mentalidades y prácticas inequitativas y excluyentes, contrarias a la dignidad humana, que están presentes en nosotros, nuestras obras y nuestra cultura”.